(Hebreos 6:4-6)
Hay personas que van a bañarse a la playa y lo único que hacen es mojarse los pies en la orilla, les da temor adentrarse un poco más y darse una buena zambullida. Y lo más cómico es que después regresan a contarle a otros cómo fue la experiencia de nadar en el mar. Algo similar sucede con algunas personas que dicen haber tenido la experiencia de salvación con Jesucristo, pero la verdad sea dicha simplemente fueron visitantes asiduos durante un tiempo a alguna reunión cristiana, aprendieron la cultura religiosa y la liturgia y hasta llegaron a ocupar algún cargo en la iglesia, pues ciertos cambios en su vida hicieron pensar que habían nacido de nuevo, cuando en realidad sólo su psiquis fue afectada, mas no su espíritu, pues jamás nacieron de nuevo. Y es por ello que como dice el apóstol Juan: “salieron de nosotros porque no eran de nosotros.” De manera que a nadie se le pude ocurrir pensar que perdieron la salvación, pues nunca la aceptaron.
El escritor de la epístola a los Hebreos en la Biblia les dice a sus lectores judíos que algunos israelitas han sido muy tercos, pues aunque fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y gustaron de la buena palabra de Dios y de los poderes del siglo venidero, aún así, no se hicieron cristianos, no nacieron de nuevo, no fueron salvos, sino que echaron para atrás, recayeron, volvieron a su antiguo estilo de vida y dejaron al Mesías que es la única opción de salvación. Es una lástima, porque fueron iluminados por Dios, aunque jamás llegaron a ser luz como los cristianos. Eso es lo que significa la palabra griega “Photizo”, de donde viene fotografía, y se refiere a recibir una luz que viene de fuera, pero nunca a ser luz por sí mismo, ya que no se tiene a Dios en el interior como la fuente de dicha luz, como sí la tienen los cristianos. También fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, como señala el vocablo “Metójous”, que se refiere a estar con alguien sin llegar a tener comunión íntima con él, diferente al cristiano, que se hace íntimo, consustancial con el Padre. Y como si fuera poco gustaron, probaron una pizca del don celestial, como lo dice “Geusámenos”, que es probar sin tragar, mas no se animaron a tragar y ser llenos del don celestial, como sí lo hacen los cristianos. ¡Qué pena que éstos no se hayan zambullido en Jesús el Mesías!
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Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
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