Apr 30

 

(Hebreos 6:4-6)

Hay personas que van a bañarse a la playa y lo único que hacen es mojarse los pies en la orilla, les da temor adentrarse un poco más y darse una buena zambullida. Y lo más cómico es que después regresan a contarle a otros cómo fue la experiencia de nadar en el mar. Algo similar sucede con algunas personas que dicen haber tenido la experiencia de salvación con Jesucristo, pero la verdad sea dicha simplemente fueron visitantes asiduos durante un tiempo a alguna reunión cristiana, aprendieron la cultura religiosa y la liturgia y hasta llegaron a ocupar algún cargo en la iglesia, pues ciertos cambios en su vida hicieron pensar que habían nacido de nuevo, cuando en realidad sólo su psiquis fue afectada, mas no su espíritu, pues jamás nacieron de nuevo. Y es por ello que como dice el apóstol Juan: “salieron de nosotros porque no eran de nosotros.” De manera que a nadie se le pude ocurrir pensar que perdieron la salvación, pues nunca la aceptaron.

El escritor de la epístola a los Hebreos en la Biblia les dice a sus lectores judíos que algunos israelitas han sido muy tercos, pues aunque fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y gustaron de la buena palabra de Dios y de los poderes del siglo venidero, aún así, no se hicieron cristianos, no nacieron de nuevo, no fueron salvos, sino que echaron para atrás, recayeron, volvieron a su antiguo estilo de vida y dejaron al Mesías que es la única opción de salvación. Es una lástima, porque fueron iluminados por Dios, aunque jamás llegaron a ser luz como los cristianos. Eso es lo que significa la palabra griega “Photizo”, de donde viene fotografía, y se refiere a recibir una luz que viene de fuera, pero nunca a ser luz por sí mismo, ya que no se tiene a Dios en el interior como la fuente de dicha luz, como sí la tienen los cristianos. También fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, como señala el vocablo “Metójous”, que se refiere a estar con alguien sin llegar a tener comunión íntima con él, diferente al cristiano, que se hace íntimo, consustancial con el Padre. Y como si fuera poco gustaron, probaron una pizca del don celestial, como lo dice “Geusámenos”, que es probar sin tragar, mas no se animaron a tragar y ser llenos del don celestial, como sí lo hacen los cristianos. ¡Qué pena que éstos no se hayan zambullido en Jesús el Mesías!

Y ahora disfruta de buena música con sonido estéreo digital de alta resolución dando clic AQUÍ.

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.

Apr 29

 

(Jonás 4:1-11)

Jonás significa en hebreo “Paloma” y éste era el nombre de un profeta israelita que en el año 780 antes de Cristo, aproximadamente, tuvo el encargo de parte de Dios de ir a la gran ciudad de Nínive, la capital de Asiria, a anunciarles que Dios los iba a destruir como castigo por todos sus pecados. Jesús por su parte significa en hebreo “Dios salva” y éste es el nombre del Mesías, Dios hecho carne, el cual también tuvo como encargo de parte de Dios de ir a la nación de  Israel, como profeta, y anunciar al igual que Jonás que era necesario que se arrepintieran de sus pecados porque el juicio de Dios venía para todos.

Entre Jonás y Jesús hay algunas similitudes y diferencias que vale la pena mirar para sacar conclusiones. Entre las similitudes están los hechos de que ambos eran israelitas, eran profetas y estuvieron tres días en una tumba de la que luego salieron. En el caso de Jonás fue tragado por un gran pez que lo tuvo en su vientre durante tres días y luego lo vomitó en tierra. En el caso de Jesús, estuvo muerto tres días en el sepulcro y luego resucitó en gloria y subió al cielo para sentarse a la diestra de Dios Padre. Los tres días de Jonás dentro del gran pez fueron una señal para el pueblo judío, dada con 800 años de anticipación, de que el Mesías tendría que morir, pero que al tercer día resucitaría.

Ahora las grandes diferencias entre estos dos mensajeros de Dios. Jonás era un rebelde, Dios le dijo que fuera a Nínive a predicar y Jonás se embarcó para Tarsis, en sentido contrario y bien lejos del objetivo. Jesús en cambio no se atrevió a salir de las fronteras de Palestina, ya que esa era la orden, y sólo se movía entre Judea, en el sur, y Galilea, en el norte, y llegó a estar en Samaria, en la mitad de ambas provincias. Jonás odiaba a la gente a la que tenía que predicarle. Jesús amó tanto a sus oyentes que hasta dio su vida por ellos. Jonás se enojaba contra Dios porque perdonaba a los que se arrepentían, en lugar de castigarlos. Jesús oraba por sus enemigos y se alegraba inmensamente cuando se arrepentían y recibían perdón. Jonás era un simple hombre que pretendía enseñarle a Dios cómo hacer las cosas. Jesús era Dios y aprendió a ser un simple hombre obediente, hasta la muerte, y muerte de cruz. ¿Qué prefieres, un Jonás gruñón o un Jesús de amor?

Y ahora disfruta de buena música con sonido estéreo digital de alta resolución dando clic AQUÍ.

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.

Apr 28

 

(1 Corintios 13:1-3)

¿Alguna vez has vivido la experiencia de comprar en algún lugar donde el vendedor pareciera odiar su trabajo, odiarte a ti y odiar tener que atenderte? ¿O has ido a un restaurante donde el camarero es tan malgeniado que has preferido comer simple y usar tu pañuelo antes que llamarlo para pedirle un salero y una servilleta? ¿O puedes recordar a esos profesores que en lugar de motivar y ayudar a sus alumnos a aprender y  superarse parecían disfrutar hasta con una risita macabra haciéndoles perder la materia? ¿O alguna vez te ha tocado un médico regañón que en lugar de mostrar interés por tu salud pareciera ser tu papá que se ha enojado porque estás enfermo y te va a castigar?

Todas estas personas aunque sepan hacer su trabajo y cumplan con sus deberes están dañando sus buenas obras y dejando una pésima imagen en la gente que atienden, sencillamente porque tienen una mala actitud. Y lo mismo pasa en la vida espiritual del cristiano, podemos obedecer a Dios, pero hacerlo por los motivos incorrectos y por ello con una actitud incorrecta, y como resultado de nuestro mal proceder las buenas obras que hicimos no cuentan a nuestro favor y es peor que no haberlas hecho nunca. Por ello el apóstol Pablo expresaba en su primera carta a los corintios en el capítulo 13 que si él fuera el “Supermán” espiritual que habla en lenguas humanas y angélicas, que profetiza, que entiende todos los misterios y toda la ciencia y por ello escribe libros maravillosos y da conferencias espectaculares, que tiene tanta fe que es capaz de mover la Cordillera de los Andes y echarla al mar delante de las cámaras de la CNN, que vende todas sus posesiones y les envía el dinero a los niños pobres de África y que es capaz de entregar su cuerpo para que los perseguidores de los cristianos lo quemen vivo, tal y como lo hacía en su época el emperador romano Nerón en los terrenos donde hoy en día se ha construido la catedral de San Pedro, pero… no tiene amor, de nada le valió todo lo que hizo, porque una mala actitud echó a perder todo su lindo trabajo. Vale la pena que desde el simple cristiano que limpia los baños hasta el pastor que dirige un ministerio de millones de dólares y miles de ovejas se pongan la mano en el corazón y mediten en la actitud con la que están trabajando, porque si no están destilando amor, están mal.

Y ahora disfruta de buena música con sonido estéreo digital de alta resolución dando clic AQUÍ.

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.

Apr 27

 

(Cantares 2:15)

Los pequeños malos detalles cuando se hacen frecuentes se tornan en muy peligrosos, pues por ser pequeños pasan inadvertidos por nuestro puesto de control, ya que cruzan de a uno por uno, pero cuando se juntan se convierten en un gigantesco problema. Tal vez no le prestes atención a una hormiga que anda merodeando por un poco de miel que regaste sobre la mesa, pero si no exterminas esa hormiga y limpias las pequeñas gotas del dulce, y te vas, cuando regreses ya no vas a encontrar una hormiga, sino un enorme ejército que ha hecho camino desde la pared hasta tu mesa de comedor. Y así también acontece con esos minúsculos y odiosos detalles de nuestra parte cuando no se corrigen y se hacen repetitivos. Después de un tiempo dichas pequeñeces se convierten en enormes e inaguantables conductas que la gente no está dispuesta a soportar y que a nosotros nos cuesta superar, por cuanto se nos han vuelto hábitos.

El amigo que se la pasa pidiendo favores y le gasta la paciencia a su compañero sin considerar que una cosa es la amabilidad y otra la obligación. El marido que confunde la amorosa atención de su esposa con el trabajo forzado de una esclava. El hijo que no aprecia el voto de confianza que le dan sus padres y se imagina que el permiso para salir socialmente es un derecho que por fin se le reconoce. La mujer que no valora los esfuerzos de su esposo para darle gusto y cree que a los hombres hay que exprimirlos para que saquen el dinero escondido. Y el vecino que barre la basura hacia la casa del lado y estaciona el auto tapándole la salida del garaje pensando que la tolerancia es una autorización para ser abusivo. Son todos ellos pequeños detallitos que cuando se hacen constantes y se juntan provocan desastres. Sí, una pequeñez, una sola, se puede pasar por alto, pero cuando esas pequeñeces se repiten una y otra vez, terminan por minar la paciencia y provocan que en algún momento el globo no soporte más la presión y explote. Las zorras pequeñas son las que echan a perder las grandes viñas, los lindos matrimonios, las viejas amistades, los buenos negocios y la vida espiritual del cristiano que de a poco descuida su vida devocional creyendo que falló sólo un día y nada más.

Y ahora disfruta de buena música con sonido estéreo digital de alta resolución dando clic AQUÍ.

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.

Apr 26

 

(Lamentaciones 3:22-23; 2 Corintios 4:16)

Una de las cosas que desde chico resulta placentero hacer es oler las cosas que son nuevas, tales como los libros y cuadernos para la escuela, los zapatos, la ropa, los colores y lápices, los juguetes, etc. Sacar algo de su estuche original y olerlo es una agradable experiencia que a veces le era negada a quienes tenían que usar la ropa y los libros que les dejaba el hermano mayor. Y tal placer de oler las cosas nuevas se extiende toda la vida, a tal punto que cuando en una tienda te venden un producto que ha sido desempacado te lo dan más barato, no porque esté usado, sino porque estando nuevo ya se abrió su empaque. Y ni qué decir de los automóviles, que por el sólo hecho de haber sido sacados de la agencia ya se depreciaron, aunque todavía huelan a nuevo.

En la vida de un cristiano el placer de oler cosas nuevas es algo que se puede vivir dos veces cada día, sólo que en el área espiritual. Lo primero que se puede oler es el regalo de la misericordia de Dios, el cual cada mañana nos regala una nueva. No importa que la misericordia del día anterior esté en buen estado, todavía huela a recién estrenada y no se haya agotado, hay que desecharla, ya no sirve para el día siguiente, porque cada mañana Dios nos da una nueva, recién salida del horno, empacada y sellada, la cual debemos destapar, sacar de su estuche y estrenar con todo y su rico aroma a nuevo. Sí, cada día, el amor compasivo de Dios nos es dado en abundancia para poder pasar por alto los errores y “metidas de pata” que podamos tener en tanto que caminamos hacia la perfección. Y dicha misericordia la necesitamos nueva, porque sí que la consumimos rápido, ya que si no fuera por ella tendríamos que enfrentarnos al juicio diario de Dios, pero afortunadamente la misericordia triunfa sobre el juicio según enseña Santiago 2:13. Y lo segundo que podemos oler cada día a nuevo es a nosotros mismos. Mientras que la misericordia es un regalo que viene de fuera de nosotros, la “Renovación” es el placer de oler nosotros mismos a nuevo, de que el aroma y la apariencia a nuevo emane de nuestra humanidad, Y esto se hace una realidad cuando pedimos perdón a Dios por nuestros pecados y hacemos nuevo nuestro ser interior por la obra del Espíritu Santo, pues aunque nacemos de nuevo una sola vez podemos y debemos renovarnos cada día.

Y ahora disfruta de buena música con sonido estéreo digital de alta resolución dando clic AQUÍ.

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.

Apr 23

 

(Salmo 23:3; Romanos 8:28)

El abuelo entró a la habitación de su nieto llevando un juego de madera en sus manos.

-      ¿Qué es eso abuelo?

-      Esto es un laberinto, un poco viejo y empolvado porque estaba tirado, pero lo he traído para enseñarte algo acerca de cómo funciona la vida. Mira, se trata de ir desde este punto A, que es la partida, hasta este punto B, que es la meta. Pero como verás, un laberinto es una construcción de calles y encrucijadas que hacen muy complicado ir desde la partida hasta la meta, debido a que ofrece muchos falsos caminos que si los tomas te dejarán encerrado. Ahora fíjate bien, voy a tomar a Pipo, tu hámster, y lo voy a poner en el punto A. Y en el punto B voy a poner su comida preferida. Ahora nietecito, dime cómo hacer para que este animalito llegue a la meta, para que pueda irse por el camino correcto y encontrar su comida.

-      Bueno abuelo, yo lo puedo guiar.

-       Claro, porque tú estás viendo el laberinto desde arriba y puedes ubicar con una sola mirada la partida, la meta, el camino verdadero y los caminos falsos. Pero, por un momento, imagínate qué verías sí fueras Pipo y estuvieras a su altura y con su mente

-       Vería sólo una de las tantas puertas que hay. Y creo que me molestaría tener hambre, oler una buena comida y verla tan lejos y complicada de alcanzar. Aunque no es que esté lejos, sino que se hace lejana por tantos falsos caminos. Además me daría mucha rabia estarme metiendo por callecitas que no me llevan a nada y me dejan encerrado.

-       Claro, y sería una pérdida de tiempo. Pero mira lo que podemos hacer, tomamos estas piezas de madera y cerramos el paso a todos los falsos caminos. De esta manera Pipo no puede pasar por los pasadizos incorrectos. El problema es que se quede quieto y no quiera avanzar. Porque si encuentra muchas puertas cerradas y se molesta y ya no quiere buscar otras puertas, entonces nunca podrá llegar a su comida y nuestra ayuda no le servirá de nada. ¿Te das cuenta de lo que trato de decirte?

-       Sí, abuelo. Así es como Dios nos guía a nuestras metas, pero hay que avanzar, porque cuando Papá Dios nos cierra puertas falsa es porque ya nos tiene abierta la correcta.

Y ahora disfruta de buena música con sonido estéreo digital de alta resolución dando clic AQUÍ.

Tomado de:
“Devocionales en Pijama
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.

Apr 22

(Hechos 8:26-35)

A continuación un fragmento del correo de una dama a su sobrino en el extranjero:

“Y como veo que quedaste muy intrigado con aquello de que ahora soy un Felipe, te voy a explicar un poco más mi querido Augusto, para que no vayas a creer que tu tía se cambio de sexo. Cuando en el pasado correo te decía que me había convertido en un Felipe me refería a que ahora en nuestra iglesia hago parte de un grupo que se llama así, Los Felipes, y hace referencia a un cristiano que en el libro de Hechos se acercó a un hombre confundido que leía las Sagradas Escrituras pero no entendía nada, entonces Felipe le preguntó amigablemente si entendía lo que leía. Cuando el hombre le dijo que no y le pidió que le explicara, Felipe le enseñó todo lo básico del evangelio de Jesucristo hasta el punto de bautizarlo y hacerlo un discípulo. Y eso es lo que hacemos los que formamos parte de este grupo llamado Los Felipes. Un Felipe puede ser un joven o un adulto, un hombre o una mujer, que tiene como misión ser un buen anfitrión, ocuparse de atender personalmente a aquellos nuevos que son de su mismo perfil y que llegan a nuestras reuniones y se sienten solos, aislados, confundidos. Ahora te preguntarás por qué tu tía quiso hacer parte de ese grupo de Felipes. Por experiencia personal. A mí me sucedió que la primera vez que llegué a la reunión de la iglesia me sentí confundida, no entendía nada, la música estaba tan fuerte que me dolía la cabeza y para rematar no encontraba el baño. Parecía una intrusa en fiesta ajena, como que ese no era mi lugar. Mientras todos los presentes se saludaban y formaban grupos pequeños, yo estaba atravesada allí como mosca en leche. Quería salir corriendo. Hasta que apareció Lucía, una de las Felipes, una mujer de mi edad y muy simpática. Ella fue la que me llevó hasta el baño y después me ubicó en una silla lejos de los parlantes. Me ofreció su amistad y por los siguientes días, a través del teléfono y en algunos encuentros, fue la herramienta que Dios usó para que yo pudiera conocer de Jesucristo y de su amor. Lucía es una de las fundadoras del grupo y se inspiró para crearlo no sólo en la historia bíblica, sino en la manera en que conoció a su esposo en una fiesta de la universidad, cuando él, al verla sola, se le acercó, le ofreció una silla, refrescos, comida, amistad… y el resto es historia”.

Y ahora disfruta de buena música con sonido estéreo digital de alta resolución dando clic AQUÍ.

Tomado de:
“Devocionales en Pijama
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.

Apr 21

 

(Eclesiastés 4:9-11)

El ser humano es básicamente un ser social, fue creado para estar en interrelación con otros y no para vivir en madrigueras huyendo de todo contacto humano. Y su quehacer comunitario es tan evidente e innegable que por ello existen las ciencias sociales y las humanidades, las cuales se encargan de estudiar al hombre en su convivencia con otros congéneres. Si una persona decide autoexiliarse y vivir como ermitaño es su decisión, pero dicha práctica está fuera de lo natural y por ende sufrirá las consecuencias obvias de su aislamiento. “Pero es que este mundo ya me tiene aburrido, la gente me ha defraudado, prefiero vivir solo y así no tengo que andar peleando con nadie”, es lo que manifiestan algunos que se presentan como víctimas de las relaciones sociales. Pero, el problema no es vivir en comunidad, sino mirar con quién, cómo y en qué condiciones.

Claro que la interacción social conlleva roces, eso es inevitable, es normal, pero no por ello tendré que caer en la “antropofobia”, que es el miedo a la gente y a la vida social. Lo que debo hacer es evitar a toda costa el que se presenten choques. Mas cuando ya se hace imposible evadirlos, entonces debo enfrentarlos con la mejor actitud y aprender que siempre tendré lidiar con ellos, porque desavenencias habrá toda la vida. Por otro lado también es entendible que la timidez y los complejos le pongan a una persona toda clase de barreras para tener éxito en sus relaciones humanas, pero igualmente son superables. Los nervios, el sudor en las manos, la voz temblorosa, el miedo a mirar a los ojos y el sentimiento de inferioridad, son fantasmas que se desaparecen cuando los enfrento. Es como el temor de hablar en público, basta con que alguien se prepare bien y lo haga una y otra vez y otra vez, hasta que un buen día ya ni se acuerda de su miedo. La Biblia nos enseña en el libro de Eclesiastés que es mucho más fructífero tener buenos compañeros, hacer alianzas estratégicas, unir fuerzas con otro, apoyar a otras personas y recibir apoyo de ellas. No existen individuos que se hicieron solos en la vida, eso es mentira, siempre ha habido alguien, en algún momento, que ha aportado su granito de arena para el triunfo de otro. Ni siquiera el llanero solitario era llanero y solitario, pues mantenía en el pueblo ayudando a la gente y siempre con su inseparable amigo, Toro.

Y ahora disfruta de buena música con sonido estéreo digital de alta resolución dando clic AQUÍ.

Tomado de:
“Devocionales en Pijama
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.

Apr 20

 

(Romanos 4: 4-5; 11:6)

Está tan metida dentro del inconsciente humano la idea de la recompensa por el trabajo que nos resulta absurdo pensar en que alguien nos dé dicha recompensa sin necesidad de haber trabajado, gratis, sin merecimientos, sin motivos como el de celebrar navidad o cumpleaños, y lo peor de todo, siendo enemigos de ese alguien a quien no conocemos. Y claro, con nuestra mentalidad maliciosa y muy suspicaz comenzamos a llenarnos de preguntas: ¿Y por qué un regalo para mí? ¿Y con motivo de qué? ¿Qué es lo que me pide a cambio? ¿Qué es lo que realmente se esconde detrás de ese regalo, porque nadie da algo por nada? ¿Me da un regalo aunque sea su enemigo? ¿Me regala porque me ama? ¿Es una broma? ¿Está bien de la cabeza? ¿Qué si pago por el regalo entonces el regalo ya no es regalo? ¿Qué sólo lo reciba? ¿Y si me porto peor habrá más regalos?

Y así sucede cuando tratamos de explicar la Gracia de Dios, ni la gente, ni nosotros, logramos entender algo tan loco o absurdo. ¿Cómo es posible que Dios, siendo santo, puro y perfecto me ame a mí que soy pecador, impuro e imperfecto, un ser que es todo lo contrario de Él? ¿En qué cabeza puede caber la idea de que ese Dios muera por mi culpa en una cruz en un trueque donde yo le doy mis pecados para que Él se los eche encima y luego Él me da su Espíritu Santo para que viva dentro de mi cuerpo? ¿Cómo puede amarme Dios si lo único que he hecho es esforzarme por ganarme su odio? Y como la Gracia de Dios es incomprensible, lo único que podemos hacer es recibirla, nada más, aceptarla y tratar de vivir en ella por la fe, aunque se nos vaya la vida sin comprenderla cabalmente, pues aunque parezca que sí la hemos entendido y hasta damos conferencias sobre ella y la enseñamos a los demás, la verdad es que nos cuesta vivirla. ¿Y cómo me doy cuenta de que aún ni la comprendo ni la vivo plenamente? Por dos motivos, el primero es porque nuestra mente todavía se sigue haciendo las mismas preguntas anteriores. Y aunque tengamos las respuestas, nos volvemos a preguntar lo mismo. ¿Por qué? Porque no nos cabe en la cabeza tanto amor de Dios. Y en segundo lugar, porque tratamos de portarnos bien para que Dios nos ame y nos bendiga, es decir, pagar sus regalos, en lugar de portarnos bien porque ya nos amó y nos bendijo.

Y ahora disfruta de buena música con sonido estéreo digital de alta resolución dando clic AQUÍ.

Tomado de:
“Devocionales en Pijama
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.

Apr 19

 

(Romanos 12:18)

Es inevitable que en la vida haya conflictos, esos siempre van a estar, a toda hora, toda la vida y en diferentes lugares y circunstancias. Lo único que se requiere para que haya conflictos son dos o más personas conviviendo, bien sea en una familia, en la escuela, en la universidad, en el trabajo, en la calle y hasta en la iglesia, donde se supone que todo es un remanso de paz. Pedirle a un ser humano que viva en completa y absoluta paz es absurdo, eso ni siquiera se lo pide Dios al cristiano, pues la Biblia dice en Romanos 12:18 que en cuanto dependa de nosotros procuremos estar en paz con todo el mundo. No dice que debemos estar en paz, sino que procuremos estar en paz.

Y esforzarnos por estar en paz sí es una misión que debemos cumplir, es por ello que requerimos ser conocidos como apaga incendios y no como provocadores de incendios. ¿Y qué quiere decir eso? Que hay personas que deberían llevar un letrero bien grande y luminoso encima de sus cabezas que dijera: “Peligro, trátese con delicadeza, altamente inflamable”. ¿Y por qué? Porque mientras están contentas, se les da gusto en todo y no se les lleva la contraria, son excelentes en el trato, afables, sonrientes, simpáticas, amorosas; pero en cuanto les das una negativa a algo que te han pedido, o les llevas la contraria, o te tornas rígido con ellas, entonces les pasa lo del hombre increíble, se van  poniendo verdes, se les rompe la ropa y empiezan a botar fuego por la boca. Las palabras amables que te expresaban, de repente se convierten en insultos, te sacan a relucir todos tus pecados y te declaran su enemigo. Estas son personas que se prenden con nada, son muy inflamables. En cambio un hijo de Dios está llamado a ser todo lo contrario, un pacificador, un mensajero de paz y armonía, un conciliador, un apaga incendios. Jesucristo enseñó que los pacificadores son personas bienaventuradas y que la misión de los tales es estar en medio del conflicto sembrando armonía, no armando líos. Pero el ser pacificador no significa ser tonto, porque si eres jefe en una empresa y tienes que despedir a un mal empleado, debes hacerlo, aunque el afectado te declare la guerra. Y si eres profesor y debes reprobar a alguien, debes hacerlo. Pon tu mejor esfuerzo por cultivar la paz, siempre, pero si esa paz se rompe, que no sea por tu culpa.

Y ahora disfruta de buena música con sonido estéreo digital de alta resolución dando clic AQUÍ.

Tomado de:
“Devocionales en Pijama
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.