May 31

 

(Proverbios 25:16-17)

Es importante aprender a diferenciar el uso del abuso, pues si una persona no es delicada en sus relaciones interpersonales fácilmente se ganará el rechazo de los demás. El sabio Salomón fue consciente de este problema que tienen muchos individuos y que por desgracia ni ellos mismos se dan cuenta de que son así. Es por ello que en libro de Proverbios en la Biblia aconseja que si has hallado miel, comas sólo la suficiente, pero que no te hartes de ella ni te empalagues, no sea que en lugar de disfrutarla termines por vomitarla, te enfermes y hagas de una experiencia que debió ser agradable, algo muy desagradable. Y aplicando esta enseñanza a las relaciones humanas, acto seguido Salomón agrega que no estés visitando de continuo a tu vecino, no sea que hastiado de ti termine por odiarte, que en lugar de decir:

“¡Oh! ¡Qué bueno que ahí viene mi vecino, que agradable recibir su visita”.

Diga todo lo contrario:

¡Ay no! Otra vez el pesado de mi vecino. Por Dios, es que no tiene nada más que hacer que andar molestándole la vida a los demás. No vayan a abrir la puerta, apaguen el televisor y no hablen, a ver si se cansa de tocar y se va”.

Un viejo refrán popular dice que hay personas a las que se les da la mano y se toman todo el codo. Y es una lástima que ellas mismas, por su falta de prudencia, terminen siendo indeseables, que nadie les quiera atender una llamada o recibir una visita. ¿No sería mejor dejar a los demás con deseos de seguir conversando con nosotros en lugar de que terminen mareados con tanta palabrería? ¿No sería mejor hacerles a los vecinos y amigos llamadas y visitas breves para que no se fastidien con nosotros? Por supuesto que sí. De manera que si Dios nos da la oportunidad de encontrar personas amables, que están dispuestas a hacernos favores, a atendernos la visita y a recibir nuestras llamadas, no las echemos a perder, no las alejemos de nosotros. Esos amigos hay que cuidarlos. Como dicen los cocineros: bueno es el cilantro, pero no tanto.

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“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
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May 28

 

(Marcos 6:31)

No es inusual ver a los compañeros de trabajo que regresan el lunes a sus labores con cara de agotados, adoloridos muscularmente, con la piel bronceada y con los bolsillos vacíos. El fin de semana, que era para descansar y reponer fuerzas, resultó ser una jornada extenuante. Jugaron más de la cuenta y les duele hasta el pelo. Se broncearon más de la cuenta y les arde la piel. Manejaron muchos kilómetros y están estresados. Durmieron pocas horas y tienen sueño. Gastaron mucho dinero y ahora están escasos de papel moneda. Y como salieron apurados al paseo la casa quedó patas arriba y les está esperando ropa para lavar y planchar y muchos otros objetos por organizar. ¿Qué tanto descansaron? Nada, por el contrario, salieron a cansarse más de lo que estaban. ¿La moraleja de este relato es que no se debe pasear? No, esa no es, porque entonces habría que vivir encerrado en casa y privarse del placer de viajar y gozar en familia.

Lo que debemos aprender es que los tiempos de descanso deben ser para descanso, no para cansarse y volver molido a las actividades normales de la semana. Los lugares a visitar, las actividades a desarrollar, el dinero a gastar y todo lo que se planee debe responder a una simple pregunta: ¿realmente vamos a descansar y a volver renovados física y mentalmente? Eso es todo. Así que si vas a hacer un viaje por carretera de ocho horas de ida y ocho horas de regreso para quedar con la lengua afuera, pues mejor no lo hagas. Pero si el viaje va a ser placentero y relajado todo el camino, pues adelante. Es tan sagrado el descanso que el mismo Dios lo instituyó en la Biblia en el Antiguo Pacto. Y en el Nuevo Pacto Jesús se nos ofrece como “El Reposo”, para el cargado y trabajado. Dios mismo, quien no se cansa, reposó de la obra de la creación al séptimo día para enseñarnos a hacer lo mismo. Y el descanso es tan necesario que hasta el Señor ordenó al pueblo judío que dejara descansar la tierra, por lo cual la cultivaban seis años y la dejaban reposar al séptimo. Jesús mismo tuvo que tomar a sus discípulos y llevárselos aparte, a un lugar desierto, para que descansaran, aunque tal vez una foto del Mesías con sus discípulos tirados sobre la hierba y rascándose la panza no se vea tan espiritual.

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“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
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May 27

 

(Filipenses 3:20-21)

Es muy frecuente ver hoy en día el que una persona adelante trámites para obtener una ciudadanía diferente a la que recibió en su país de nacimiento. Los motivos son generalmente porque se desea lograr una mejor condición de vida en el nuevo territorio, o porque se ha contraído nupcias con alguien de ese otro lugar, o porque se desea regresar a la nación de los ancestros. Cualquiera que sea el motivo, quienes descienden de españoles, italianos, japoneses u otras nacionalidades y aún quienes acuerdan matrimonios sólo para cumplir con trámites legales, se dan a la tarea de contratar abogados, reunir documentos y pagar altas sumas simplemente para ostentar así la nueva ciudadanía y poder emigrar y vivir de manera legal en el nuevo estado.

Para alegría de todos los seres humanos la buena noticia es que sin importar donde se haya nacido, hay una ciudadanía que está disponible de manera gratuita para todos aquellos que deseen obtenerla. Se trata de la ciudadanía para un reino que no es físico, sino espiritual, el Reino de los Cielos. Allí  hay aceptación para todos, perdón de pecados, salvación del alma, acceso a la riqueza sin límites y donde al naturalizado lo hacen parte de un nuevo linaje, lo hacen Hijo del Rey, y se le declara rey y sacerdote. La ciudadanía se puede obtener desde el momento en que se solicite, es inmediata, pero para trasladarse a la nueva patria definitivamente, hay que terminar de vivir en este mundo físico. Aunque sin haberse mudado del todo, por el hecho de tener el status de ciudadano, al nuevo le son conferidos numerosos beneficios por anticipado, como es el de una comunicación permanente y gratuita con su padre el Rey, recibir perdón, acceso a los planes de salud física, mental y espiritual, acceso a los cajeros automáticos para obtener apoyo financiero, y otros recursos más que a través del estudio de las leyes de ese nuevo reino se pueden ir logrando. La aparente dificultad está en que para ostentar la nueva ciudadanía hay nacer en ese reino, no vale el casarse con un ciudadano de allí o descender de ciudadanos. Hay que nacer de nuevo, pero espiritualmente, por la fe, a través de la obra del Espíritu Santo, quien es el que engendra hijos para el Rey del lugar.

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“Devocionales en Pijama”
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May 26

 

(Romanos 6:6)

¡Qué difícil es matar una cucaracha! La puedes dejar completamente aniquilada en un rincón de la casa y te vas a dormir. Cuando regresas en la mañana para barrerla y tirarla a la basura, ya no está, se fue. ¡Increíble! ¿Qué se hizo el animal? Por allí cerca anda, arrastrándose y negándose a morir. Y si intentas barrerla hasta se te sube por la palo de la escoba. ¡Caramba, qué insecto tan duro de eliminar!

Y así de duro de matar, como el título de una película, es la crucifixión del ego, del “yo” de un ser humano. Aún un espíritu inmundo puede sacarse de un individuo poseso cuando se ora en el nombre de Jesucristo para que sea liberado. Y el espíritu malo se va, como aparece en los diferentes relatos de la Biblia, y se fue y ya no vuelve más, a no ser que se le vuelva a invitar a través de nuevas prácticas ocultistas de parte del que fue sanado. Pero, ¿quién puede exorcizar a alguien de su “yo”? Nadie. Eso es imposible. El “yo”, la vieja naturaleza de un cristiano, la naturaleza adánica, el instinto pecaminoso, su deseo congénito de hacer lo malo, siempre va a estar allí, conviviendo con la persona las 24 horas del día todos los días. El apóstol Pablo vivió esa triste realidad de querer hacer lo bueno y dejar de hacer lo malo, pero ese buen deseo se quedaba sólo en eso, en deseo, porque en la cotidianeidad de su vida se hallaba siempre haciendo lo malo que no quería y no pudiendo hacer lo bueno que si quería. La conclusión a la que llega en su relato de Romanos 7 es que dentro de él hay una fuerza superior que lo lleva cautivo a hacer lo que no quiere y que por lo tanto él es un miserable. Se pregunta entonces es: ¿quién podrá librarme de este cuerpo pecaminoso que es duro de matar, que le encanta hacer lo malo y que me está aniquilando? La respuesta la encontró en Jesucristo, motivo por el cual entiende que él, en su “yo”, debe morir con Cristo, para así ser resucitado con Cristo y poder vivir una nueva vida controlada por el Espíritu Santo, dejando a su “yo”, a su instinto pecaminoso muerto, pero, como las cucarachas, pudiendo levantarse de un momento a otro y hacer otra vez diabluras. Eso es lo que enseña la palabra griega “Katargete” usada en Romanos 6:6 que no significa exactamente destruir, sino dejar sin poder, “desactivar”, para que el cristiano espiritual pueda vencer su tendencia a pecar.

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May 25

 

(Mateo 20:29-34)

En cierta ocasión Jesús el Mesías iba pasando por la ciudad de Jericó cuando los gritos de dos mendigos, ciegos, lo obligaron a detenerse y a preguntarles qué querían, recibiendo como respuesta que deseaban ser sanados de sus vistas. Jesús entonces, sintiendo compasión de ellos, les hizo el milagro de abrirles los ojos. Mateo y Marcos relatando este hecho dicen que Jesús salía de Jericó junto con sus discípulos y una gran multitud. Lucas por su parte anota que Jesús no salía sino que entraba en la ciudad de Jericó. Pareciera haber entonces entre ellos una aparente contradicción, pero no hay tal, puesto que todo depende desde qué lugar estás viendo a Jesús. Mateo y Marcos están mirando al maestro desde la parte judía de Jericó, que es la más antigua y la más pobre. Y Lucas está observándolo desde la parte gentil, a unos mil 600 metros de distancia de la primera, y donde vivía gente como Zaqueo, el publicano adinerado de baja estatura.

Mateo y Marcos lo ven saliendo del barrio pobre para ir a la parte rica. Lucas lo ve llegando a la parte rica proveniente del barrio pobre. Y dos ciegos mendigos, en la frontera, en el límite de sus vidas, no lo ven, ni yendo ni viniendo, sólo oyen de él, porque la gente está hablando de él. De manera que en pleno tumulto, sin saber por dónde va, cómo va o con quién, sólo queda una alternativa: gritar a voz en cuello, porque son ciegos, no mudos. Y los gritos fueron constantes, aturdidores, destacándose por encima del murmullo general, y con tal potencia que los transeúntes les pidieron que se calmaran, que no parecían ciegos, sino locos. Pero lograron su objetivo, hacer que el Señor se detuviera y les dirigiera la palabra. Ellos no lo vieron, pero escucharon su voz, y le prestaron atención a su pregunta, pues de inmediato contestaron: “Queremos ser sanados de la vista”. No pidieron dinero para ir donde el médico, tampoco una carta de recomendación para el instituto de ciegos y sordos de Jericó, no, fueron al grano, al punto focal del problema, la ceguera. Y el milagro no se hizo esperar. ¿Acaso te sientes ciego y mendigo en un punto límite de tu vida? Deja que el maestro escuche tu voz, pero que sea una voz constante, perseverante, inteligente, a prueba de ruidos y sin distracciones. Que la multitud diga lo que quiera, tú, espera hasta que Él te conteste.

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May 24

 

(Salmos 90:12)

Moisés, el personaje bíblico, hizo una oración que quedó consignada en el Salmo 90 de la Biblia y en la cual compara la eternidad de Dios con la transitoriedad del hombre. Un ser humano puede vivir un promedio de ochenta años, en cambio Dios es eterno. Para Él mil años son como un día y un día como mil años. Y ya que la vida del hombre es tan efímera pues a Moisés se le ocurrió hacerle esta petición al Señor de todas las edades: “Enséñanos a contar nuestros días de forma tal que nos traiga sabiduría al corazón”.

¿Y cómo poder entender esa solicitud? Bueno, intentemos comprenderla por la vía del contraste. Pensemos en esas personas que no tienen ni un ápice de sabiduría para contar sus días. Cuando se levantan de la cama se van tambaleándose hacia el baño y renegando de otro día más en que tienen que vivir una insufrible rutina. El que no tiene empleo está molesto porque tiene que ir a buscarse un trabajo como sea. El que tiene empleo está molesto porque otra vez tiene que ir a la empresa a aguantarse al jefe, a los compañeros y a los clientes, para recibir una miseria de sueldo que le durará dos días. Los hijos que van a la escuela o universidad están molestos porque otra vez tendrán que verles la cara a esos aburridores profesores que se deleitan haciéndoles del aprendizaje una experiencia traumática. El ama de casa está molesta porque hoy se le notan más las arrugas, el tinte ya no le cubre bien las raíces canosas y de nuevo tendrá que cocinar, lavar, planchar, asear la casa y recibir un trato de esclava de parte del marido y sus hijos. Y hasta el perro también está molesto porque hoy tendrá que pelearse con otros canes del barrio, perseguir y ladrar a varios motociclistas y hacerle el quite a los automóviles y patadas del carnicero. En fin, el cuadro es deprimente, es otro horrible día, otro eslabón más de la cadena de la vida. Ahora, ¡zas! ¡Hagamos un corte! Pasémonos al otro lado de la calle y veamos la escena así: Un caballero, una dama, sus hijos y el perro, se levantan llenos de ánimo, de entusiasmo, con ganas de vivir, dispuestos a hacer de este día el mejor de todos. Hoy serán mejores que ayer, pero nunca que mañana. Hoy no son más antiguos que ayer, sino más maduros, más sabios, con experiencia y mejores recursos para el éxito. ¡Es a ellos a quienes Dios les ha enseñado a contar sus días con sabiduría!

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May 21

 

(Éxodo 35:31)

Es muy usual que cuando a alguien le mencionamos el Espíritu Santo inmediatamente piensa en religión, o en gente brincando, llorando o cayéndose al piso. Pero casi nadie asocia al Espíritu Santo con un laboratorio, o una universidad, o la facultad de bellas artes, o el congreso de un país o una oficina de la ONU. Sin embargo, cuando leemos la Biblia encontramos casos como el de Bezaleel y Aholiab, dos caballeros judíos a quienes el Espíritu Santo, de manera sobrenatural, convirtió en artistas y científicos, las dos cosas, para lo cual, milagrosamente, debió desarrollar ambos hemisferios de sus cerebros, tanto el izquierdo, para ser científicos, como el derecho, para ser artistas. Y estos dos hombres nunca fueron a una universidad, pues eran esclavos en Egipto, sino que más bien fundaron una en el desierto, con la autorización de Moisés, para poder levantar a otros artistas y científicos que sirvieran en la obra del santuario para Dios.

Y hay otros casos como el del profeta Daniel, a quien el Espíritu Santo le dio sabiduría sobrenatural para que durante 72 años ejerciera un ministerio de consejería a reyes, lo cual hizo con siete babilónicos (Nabopolasar, Nabucodonosor, Evil-Merodac, Neriglisar, Labas-Marduk, Nabonido, y Belsasar), uno meda (Darío) y uno persa (Ciro). Claro que si en esta época Daniel les dijera a sus líderes de la iglesia que el Espíritu Santo lo ha llenado para ir a la sede del gobierno de su país como asesor, seguramente lo pondrían en disciplina. Y tal vez hasta él mismo pensaría que es una locura. Fue por ello que lo secuestraron y llevaron al palacio real a estudiar en sus universidades ciencias y artes, aunque sin contaminarse jamás con una cultura que no se sometía ni a Dios ni a sus leyes, arriesgando inclusive su vida. Bezaleel, Aholiab, Daniel y otros, son ejemplos de cómo Dios, a través del Espíritu Santo, le da dones (Charismas en el griego del Nuevo Testamento)  a una persona, para que cumpla un ministerio o servicio (Diakonia en el griego) como parte del trabajo de la iglesia de Cristo en el mundo. Pero al hablar de iglesia no pensemos en la local, la de un auditorio con sillas, instrumentos musicales y un púlpito, sino en la global, la que conforman millones de personas en el planeta tierra y que han sido redimidas por Jesús el Mesías. ¡Déjate usar por Dios a la manera de Dios!

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May 20

 

(Salmos 68:4-6)

En los tiempos bíblicos era muy común entre los judíos el encontrar huérfanos y viudas, pues usualmente el hombre fallecía estando su esposa muy joven y sus hijos sin tener la mayoría de edad. Esto se debía a la costumbre de que el varón sólo se casaba cuando superaba los 30 años, mientras que las doncellas después de los 15 ya entraban en la edad casadera. Y en una cultura en la que únicamente el hombre adulto era usado como mano de obra en el campo y la mujer y los menores de edad eran productivos sólo en su propia casa, la situación cuando fallecía el varón de un hogar se hacía sumamente complicada. Es por tal motivo que con mucha frecuencia en diversos pasajes de las Escrituras Dios demanda de su pueblo que no se olvide de los huérfanos y las viudas, porque los tales viven desamparados, no tienen quién les provea sustento, y cualquiera puede aprovecharse de esa situación de indefensión por la que atraviesan.

Y en dicho contexto histórico y social es que Dios se levanta y se proclama como padre de huérfanos y defensor de viudas. El escritor del Salmo 68 en la Biblia es encargado por el Espíritu Santo de escribir en la Biblia que Dios, desde su santa morada, no se ha hecho ni ciego ni sordo ante las necesidades de este sector de la población, y que si a un jovencito se le ha muerto su papá, Dios llega para cubrir ese vacío y sustentar esa familia. Y que si a una viuda la quieren engañar y quieren aprovecharse de ella porque no tiene un hombre que la defienda, Dios se erige como su defensor y viene para ser su soporte físico y emocional, porque Él sabe proteger y suplir al desprovisto. Hoy en día es muy común encontrar en nuestra sociedad a muchos huérfanos con el papá vivo y a muchas viudas con el marido vivo. Son aquellos hogares donde un varón,  después que ha exprimido la belleza y juventud de una señorita, la deja tirada como a trapo sucio y con varios hijos y se va corriendo detrás de otra jovencita impulsado por sus hormonas fuera de control. Se les olvida que son los responsables por una mujer y unos hijos. Se les olvida que no son sementales, sino que nacieron varones, pero que sólo se hacen hombres cuando asumen su rol con los pantalones bien puestos. ¡Gracias Señor Dios todopoderoso por esos huérfanos y viudas de hoy que siempre pueden contar contigo!

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May 19

(Proverbios 10:4)

Negli y Dili son hermanas, llevan el mismo apellido, Gencia, pero son muy diferentes en su carácter y estilo de vida. Negli tiene millones de amigos, cae bien en toda parte, es muy popular, divertida, simpática, y además, muy atractiva. Todo mundo la quiere invitar a sus reuniones, abrazarla y hacerla su compañera. El problema es que te incita a abandonar tu trabajo, te aconseja que no cumplas con tus responsabilidades, que hagas las cosas mediocremente, que no le pongas esmero a tus tareas, que no te fijes en los detalles de tus labores, que no busques la excelencia, que sólo dediques tiempo a lo fácil y divertido, que te ausentes con frecuencia, que hagas pereza, que critiques a los estudiosos y dedicados y que te burles de los que progresan y alcanzan el triunfo. Dili por su parte tiene fama de aburrida, no es nada popular, tiene pocos amigos, no es invitada a muchos eventos, es exigente, dedicada y esforzada, se concentra en lo que se hace y no abandona un ejercicio hasta que lo ha completado, le fastidian las disculpas o excusas, no le gusta faltar a su trabajo y tampoco ve bien el aplazar una tarea. Siempre quiere aprender más, no se conforma con hacer algo bien, sino que se pule en los detalles y quiere ser excelente en todo. No le agrada ser quejumbrosa y a toda hora muestra una buena actitud hacia las labores que se le encargan. Lo mejor de ella es que cuando logras hacerla tu amiga te arrastra hacia lo mejor de cada día, te hace uno de los pocos perseguidores del triunfo, aleja de ti las deudas y la pobreza y te prospera.

Negli Gencia también es conocida por sus millones de amigos en las redes sociales de internet como: Descuidada, Desinteresada, Dejada, Apática, Abandonada, Indolente, Perezosa, Floja, Incompetente y Desidiosa. Por el otro lado, su hermana Dili Gencia, es también conocida por sus escasos amigos como: Cuidadosa, Interesada, Dedicada, Aplicada, Acuciosa, Laboriosa, Activa, Competente, Concentrada, Servicial y Disciplinada. Estas dos hermanas sí que son diferentes y aunque vivan en una misma casa, estudien en un mismo instituto, jueguen en un mismo gimnasio y trabajen en la misma empresa, sus frutos siempre serán muy diferentes. El Sabio Salomón escribió hace tres mil años en Proverbios, en la Biblia, que la “Negligencia” empobrece pero la “Diligencia” enriquece.

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May 18

 

(Daniel 4:28-36)

Seis siglos antes de Cristo había un rey muy poderoso llamado Nabucodonosor, este hombre gobernaba sobre un inmenso imperio llamado Babilonia, el cual había vencido a otros imperios como el asirio, el egipcio y el fenicio. Con los Medos, que también eran muy fuertes no se peleo, sino que hizo una alianza al casarse Amytis, la hija del rey de Media, Ciáxares, uniendo ambas dinastías. Teniendo su gobierno consolidado y con paz Nabucodonosor se dedicó a grandes obras de construcción las cuales le hicieron más famoso que sus hazañas de guerra. Una de las siete maravillas del mundo antiguo son precisamente los Jardines Colgantes de Babilonia, los cuales mandó a construir para su esposa Amytis, quien extrañaba las montañas de su tierra natal.

Estando satisfecho con todo lo logrado, con una esplendorosa ciudad, ubicada en lo que es hoy en día Irak, con poder, dinero a montones y mucha fama, este caballero cometió la imprudencia de sacar pecho y decir a boca llena que Babilonia era lo más espectacular del mundo y que toda esa hermosura y grandeza la había construido él mismo para mostrar su inmenso poder a todos los habitantes de la tierra. Y no había terminado de hablar cuando se oyó una voz del cielo diciendo que ya no sería rey, que quedaría loco durante siete años, y que en ese tiempo no viviría entre la gente sino entre los animales, que comería pasto como los toros, que se  bañaría con el rocío del cielo y que su cabello crecería como plumas de águila y sus uñas como garras de pájaro. Hasta que por fin reconociera que el Dios de los judíos, el Dios de la Biblia, era quien gobernaba el mundo y que Él, siendo el Rey supremo del universo, era quien permitía que alguien se sentara a gobernar como rey algún territorio. Afortunadamente éste Nabucodonosor no fue terco, aprendió la lección y escuchó el consejo del profeta Daniel, aunque ocho años después, y se bajó del pedestal a donde su ego inflado lo había subido. Estando ya en su juicio cabal, restituido como rey del imperio babilónico y con un poder mayor que el que tenía antes, mandó a proclamar por todo el reino un edicto real en el cual reconocía que el Dios de los judíos era verdadero y que él ahora lo alababa y adoraba porque éste sí era un Dios justo y que sabía humillar a los orgullosos.

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