Jun 30

 

(Éxodo 3:13-15)

En nuestra cultura occidental la forma como se escoge el nombre de un hijo responde a diversos criterios, algunas veces se le llama como el papá o la mamá, otras veces como el personaje de moda, sea un político, un deportista, un artista o un galán de telenovela. Pero sucede que algunas veces no se tiene cuidado de que la mezcla de los nombres o los nombres y apellidos no suenen graciosos, quedando casos como el de la señora Zoila Guerra, o don Zacarías Piedras del Río, o Armando Esteban Quito, o Dolores de Barriga, o Estela Flor del Campo, o José Luis Lamata Feliz, o Presentación de Cabezas, o Ramón Ponte Alegre, o Luisa Larrosa Espinoza, o Lidia del Toro Manso o Estela Segura.

En la Biblia se nos muestra cómo los nombres que se escogían para las personas muchas veces reflejaban algo de su propia vida, como el caso de Isaac, que significa risa y que fue llamado así por orden de Dios, puesto que Sara se río cuando se le anunció que iba a quedar embarazada y a ser madre a pesar de ser anciana, de no ovular y de haber sido estéril toda su vida. A Abram Dios le cambió el nombre por Abraham que quiere decir padre de naciones. A Jacob, que significa falsario, se le cambió el nombre por Israel, que significa Dios pelea. Moisés se llamaba así porque su nombre significa rescatado de las aguas y él fue rescatado de las aguas de un río siendo bebé. Y pudieran mencionarse muchos casos, pero el más significativo de todos son los ocho nombres compuestos que se le dan a Dios en el Antiguo Pacto de la Biblia: En primer lugar YHVH-Sebaot  que se traduce como  Dios es nuestro ejército defensor. En segundo lugar YHVH-Yireh que significa que Dios es nuestro proveedor. En tercer lugar YHVH-Rafah que quiere decir que Dios es nuestro sanador. En cuarto lugar YHVH-Nissi que se traduce como Dios es nuestro estandarte. En quinto lugar YHVH-Shalom que quiere decir que Dios es nuestra paz. En sexto lugar YHVH-rá-ah que significa que Dios es nuestro pastor. En séptimo lugar el nombre YHVH-Sidkenu que se traduce como Dios es nuestra justicia. Y finalmente, en octavo lugar, YHVH-Sama que significa que Dios está presente. Cada uno de estos nombres completos tiene un profundo significado pues en ellos Dios se revela al hombre como el Dios que lo suple en cada necesidad.

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Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
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Jun 29

 

(Proverbios 19:17)

Los bancos no son entidades de beneficencia, sino industrias sin chimeneas encargadas de hacer más dinero del que tienen. No son organismos filantrópicos, sino empresas que prestan sólo al que les puede pagar y con intereses. Ellos no existen para apoyarte en tus gestiones y materializar tus sueños, aunque se gasten millones en publicidad para hacértelo creer, sino para incrementar su capital, ya que si no calificas para un préstamo nunca lo tendrás, no importa que tu propósito sea noble o tu idea sea muy brillante. Los únicos bancos que realmente se interesan en la vida de la gente y no en el capital que tienen son los bancos de sangre, el resto sólo existe para hacer más y más dinero.

Pero el fin de esta reflexión no es desacreditar a este tipo de empresas, pues como negocio su idea es ganar dinero, y eso no es ni delito ni pecado, siempre y cuando se haga de manera justa. El objetivo de este tema es meditar en la forma inteligente como operan los bancos, los cuales sólo le prestan dinero al que tiene la capacidad de devolvérselo en un tiempo predeterminado y junto con los intereses. Y de esto ya sabía Jesucristo cuando refiere la parábola de los talentos y regaña al tercero de los siervos, al malo, y lo acusa de negligente porque enterró el talento en lugar de haberlo llevado al banco para que ganara intereses. Y la moraleja no es que nos volvamos codiciosos, cosa que la Biblia condena, sino que seamos inteligentes, que aprovechemos al máximo los recursos que se nos dan, que no tiremos las cáscaras sino hasta cuando las hayamos exprimido completamente. Para ser espiritual no hay que ser tonto, sino sabio. Y en este sentido hay un negocio que Dios nos plantea y que es excelente para el incremento seguro y efectivo del capital, no importa la cifra que se invierta. Se trata de prestarle a Dios. Sí, darle dinero en calidad de préstamo para que Él nos lo devuelva con altísimos rendimientos. Y no es que Dios esté pobre o sin flujo de caja, sino que nos pide que le demos al pobre, al desvalido, al necesitado, a la persona que no tiene quien le tienda la mano. El Señor nos dice que cuando alguien le regala a una persona pobre y lo hace con amor, esas dádivas tangibles e intangibles son préstamos que le estamos haciendo a Él mismo, y que Él se encargará de devolvérnoslo. ¡Adelante! ¡Haz un buen negocio!

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“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
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Jun 28

 

(Juan 7:2-5; Gálatas 1:18-19; 2:9)

Si en tu familia nunca tuviste una pelea con un hermano tal vez se debió a tres factores, o eres hijo único, o no se criaron juntos o eres anormal, pues lo normal es que todo padre de familia haya tenido que hacer las veces de árbitro de pelea por lo menos una vez. Y las peleas entre hermanos son típicas, hasta allí no hay de qué preocuparse. El que el uno se ponga la ropa del otro, el que uno quiera acaparar el video juego que es para todos, o el que el uno quiera apropiarse del único control remoto de la televisión, o viajar al lado de la ventana del auto, todo eso es pasable. Inclusive, el que siendo adultos el uno critique al otro, o hasta se muestre ausente en la época de los problemas también es pasable, pues bien dice la Biblia que en tiempos difíciles es mejor amigo cercano que hermano distante; y que en ocasiones se portan mejor los amigos que los mismos hermanos. Pero donde las cosas sí se ponen feas e intolerables, es cuando una disputa entre hermanos se prolonga durante años, envenena a las familias, gesta riñas entre esposas y sobrinos de ambos lados y deja en medio, dolidos, a sus propios padres.

En la Biblia se menciona por ejemplo el caso de los hermanos de José, el hijo de Jacob, quienes llegaron a odiarlo tanto que hasta quisieron matarlo, pero finalmente lo vendieron como esclavo a Egipto. Por supuesto que nunca les pasó por la cabeza que ese muchachito, al que calificaban de mimado y engreído, se llegara a convertir en el primer ministro de ese imperio. Pero así fue, y lo mejor de todo fue la venganza que José les cobró a esos odiosos: los perdonó y los hizo partícipes de su prosperidad. Sí, su papá, sus hermanos, cuñadas y sobrinos, se fueron a Egipto a darse la gran vida. Otra venganza espectacular fue la de Jesús, pues cuando inició su vida pública sus hermanos no creían en él, cosa que le debió doler, pero cuando resucitó y todos en casa supieron que realmente habían convivido con el mismísimo Dios hecho ser humano, entonces les perdonó y les hizo parte de su iglesia, pues Judas llegó a escribir su propia epístola, al igual que Jacobo, el autor de la epístola de Jacobo o Santiago, y quien, sin haber sido apóstol, se convirtió en uno de los tres líderes en Jerusalén junto con Pedro y Juan. Eso sí es vengarse: perdonar y hacer partícipes a nuestros hermanos de nuestra prosperidad.

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“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
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Jun 25

 

(1 Corintios 8:1-13; 10:23-29)

En la ciudad de Corinto acontecía que en los templos paganos se hacían sacrificios de reces a sus dioses, y al otro día, la carne de esos animales se vendía en las carnicerías a un precio más barato. Los cristianos de escasos recursos aprovechaban la oferta y compraban esa carne, pero algunos de conciencia débil veían eso como un pecado, pues les parecía que no era correcto comerse algo que en la noche anterior había sido ofrecido a un dios griego. Y como el asunto se puso difícil deciden escribirle al apóstol Pablo para que dé su parecer. El apóstol, en palabras de hoy, les dijo algo como esto:

“Oigan señores, Dios no hay sino uno, así que cuando los paganos entran a sus templos y le sacrifican una vaca a sus dioses, la verdad es que no se la están ofreciendo a esos dioses, pues los tales no existen. Dichos sacrificios en realidad se los están dando es a los demonios. Y si ustedes consideran que comer esa carne no tiene nada de malo, no afecta sus conciencias, no les hace sentir mal delante de Dios, pues manos a la obra, cómprenla, aprovechen la promoción y prepárense un buen asadito, con papitas a la francesa, o con ensalada de papa, zanahoria y mayonesa, o con ensalada de lechuga y tomate. Y disfruten, gocen. ¡Ah! Pero un detalle. Si se aparece por allí uno de esos hermanos de la congregación que tiene conciencia débil, que piensa que comer de esa carne es pecado, que les sacan una lista de versículos de la Biblia fuera de contexto y se los recitan de memoria y que se jactan de ser más santos que los demás, pues ténganle paciencia, no se amarguen, no se enojen. Metan esa carne al congelador, no se la coman, y más bien preparen pollito asado, o unos emparedados, o friten unos huevos. Ustedes saben que comer esa carne no tiene nada de malo, pero por razón de no serle tropiezo a esa persona débil en la fe, mírenlo con amor, con misericordia. Piensen que ese conocimiento que ustedes tienen puede envanecerlos, hacerlos sentir superiores, pero en cambio, si desechan tal conocimiento en ese momento y más bien se llenan de amor, ese amor será de edificación, no de división. Y cuando un no cristiano los invite a comer, vayan y coman, sin necesidad de andar preguntando nada sobre la carne y la carnicería, den gracias a Dios y coman tranquilos. Buenos señores, feliz almuerzo”.

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“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
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Jun 24

 El inconveniente de cantar con los ojos cerrados

(Salmos 47:7; 1 Corintios 14:15)

Cómo es posible que a ningún fabricante se le haya ocurrido crear algo para tapar los errores mecanográficos, fue lo que pensó Bette Nesmith Graham, en Dallas, Texas, Estados Unidos, quien después de la segunda guerra mundial y al estar divorciada y con un hijo, aprendió mecanografía y taquigrafía para trabajar como secretaria. Pero como ella quería corregir sus fallos con la máquina de escribir, se metió a la cocina y en la licuadora, con tintas y pintura, produjo lo que hoy se conoce como “Liquid Paper”, o corrector líquido, el cual la convirtió en millonaria, pues sólo en 1976 vendió más de 25 millones de botellas. Esta mujer sí supo hacer de sus errores verdaderos triunfos.

Quienes trabajan en radio, televisión e internet y desean programar música que tenga un contenido positivo, que dejen un mensaje bonito en las mentes, se encuentran con el problema de que la mayoría pueden tener ritmos pegajosos y sonar bonito, pero sus letras son un desastre. Algunas te repiten durante cinco minutos: “muévelo, muévelo, muévelo”. Otras te dejan al borde del suicidio: “te fuiste y me dejaste, tu traición me robó la vida”. Y otras son divertidas, hacen mucho ruido pero no dicen nada, como si fueran compuestas por Cantinflas: “tongo le dio a borondongo, borondongo le dio a Bernabé, Bernabé le pegó a Muchilanga…” Se les ocurre pensar entonces a los programadores que los cristianos sí deben tener música valiosa, pues no sólo son artistas eximios que compiten por un Grammy, sino que además tienen altos valores morales y estándares de vida que no admiten líos con drogas o alcohol, ni andan provocando escándalos sexuales. Pero qué sorpresa se llevan cuando revisan en la computadora más de diez mil canciones cristianas. Todas dicen lo mismo: “al estar en tu presencia”. “Levanto mis manos”. “Cierra tus ojos y di conmigo”. Y no es que esas canciones sean malas, no, por el contrario, las necesitamos. Lo desaprovechado es que todas sean iguales, no son inteligentes en abordar diversas temáticas. Por favor artistas cristianos, si Bette se preguntó cómo era posible que nadie inventara el corrector líquido, pregúntense cómo es posible que nadie esté cantando sobre el sexo puro, la crianza de los hijos, el trabajo. El problema puede ser que están cantando con los ojos cerrados y no ven la realidad.

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Jun 23

 

(Colosenses 3:19; 1 Pedro 3:7)

Como José sabía bien cómo era el trato de Jairo hacia su esposa le habló con la franqueza y claridad de un buen amigo y con el amor y conocimiento bíblico de un buen líder espiritual: “Jairo, el problema no es que el diablo esté interponiéndose entre tú y Dios, ni que tus oraciones estén siendo bombardeadas por  huestes espirituales de maldad, ni que no haya suficiente fe en tus plegarias. Tú problema es sencillamente que estás ofendiendo a Dios como suegro. Sí, cada que tú tratas mal a tu esposa le estás ofendiendo la hija a Dios, y no hay ningún suegro normal que ame el que a su hija la traten mal. Por eso es que el apóstol Pedro dice que a nuestras esposas hay que darles un trato delicado, como si fueran vasos muy frágiles, no de plástico. Y que debemos vivir con ellas sabiamente, dándoles honor. Y que además es preciso que las veamos como a coherederas de la gracia divina, no como a esclavas, pues sino nuestras oraciones van a tener estorbo, no van a llegar al trono de Dios y no serán respondidas”.

Cuando Jairo quiso justificar su comportamiento hosco hacia su esposa manifestando que desde pequeño le habían enseñado que a las mujeres les gusta que las traten mal y que sus maridos sean bien machos, José lo frenó de inmediato: “Jairo, ya no somos unos niñitos para creer esas tonterías. Esas escenas del hombre macho que sujeta a una joven por la cintura tan fuerte que pareciera que la fuera a partir, y que se la pega al cuerpo y que la besa salvajemente, eso ya quedó en el olvido, ese era el viejo cliché de la época del cine en blanco y negro y de las telenovelas mexicanas. Si a la mujer le gustara el mal trato, la aspereza, los malos olores del marido y las palabras agrias, entonces los ositos de peluche no serían de peluche, sino de acero inoxidable. Los perfumes no serían de delicadas fragancias, sino con aroma a animal muerto. La ropa interior no sería de telas suaves y encajes, sino de lona industrial. Y en lugar de venderse ramos de flores para damas se venderían cajas de herramientas. No Jairo, ese cuentico de decirle cada veinte años que se le quiere y tratarla como a zapatos viejos ya es historia. Evolucionemos, y más ahora que decimos ser cristianos. A la mujer se le trata con amor, con ternura, con delicadeza. Un panal de miel no se agarra a patadas. Trátale bien la hija a Papá Dios”.

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Jun 22

 

(1 Corintios 4:6)

La pregunta típica de muchas personas es: ¿si el apóstol Pedro fue casado ya que la Biblia dice que Jesús le sanó a la suegra, por qué razón los sacerdotes católicos romanos no se pueden casar hoy en día? Y la respuesta hay que buscarla en la historia, mas no en la Biblia, pues por el contrario la Biblia previene a los cristianos de aquellos grupos que se apartarán de la sana doctrina y profesando ser muy consagrados llegaran al extremo de prohibir el matrimonio y ciertos alimentos que se pueden tomar simplemente bendiciéndolos con acción de gracias al Señor.

La Biblia no sólo muestra a varios apóstoles casados, incluyendo al mismo Pedro, sino que la historia también presenta a muchos papas de la iglesia católica y a sacerdotes unidos en matrimonio y con hijos. En Francia por ejemplo, en el siglo VII, la mayoría de los sacerdotes eran casados. En el siglo VIII San Bonifacio informa al papa que en Alemania casi ningún obispo o sacerdote era soltero. Pero se le ocurrió al papa Gregorio VII, mejor conocido como Hildebrando, en el 1074, ordenar que el celibato, que hasta entonces era opcional, se volviera obligatorio. Por ello en 1095 El papa Urbano II hace vender a las esposas de los sacerdotes como esclavas y abandonar a sus hijos. Finalmente en el año 1123, en el Concilio de Letrán, se decreta que los matrimonios clericales no son válidos y se reafirma la exigencia del celibato para el sacerdocio. Pero a pesar de ello en el siglo XV todavía el 50 por ciento de los sacerdotes católicos eran hombres casados y aceptados por la gente. ¿Manda la Biblia no casarse? Nunca, al contrario, recomienda que el obispo sea marido de una sola mujer, lo cual significaba que en esa época, en que se acostumbraba en oriente que un hombre pudiera tener varias esposas, él podía ser aceptado en la congregación, aunque no podía aspirar a ser parte del cuerpo pastoral de su iglesia. Es aquí donde conviene recordar las palabras del apóstol Pablo: “no piensen más allá de lo que está escrito”. Otras versiones dicen: “no se pongan a enseñar y a hacer más de lo que dice la Biblia”. En palabras actuales sería: “no sea ni fanático ni extremista, no exagere, enseñe sólo lo que dice la Biblia, no le agregue más de la cuenta”. Y este consejo hay que aplicarlo en muchas áreas de la vida cristiana.

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Jun 21

 

(Filipenses 3:12-17)

En la Copa Mundial de Fútbol la única manera de salir ganando es dejando como perdedoras a 31 selecciones restantes, no hay otra manera, así funcionan no sólo las competencias deportivas, sino muchas otras actividades de la vida, así que si deseas ser ganador, tienes que pasar por encima de un perdedor. Si quieres saborear las mieles del triunfo, deja que un buen grupo, debajo de ti, saboree las hieles de la derrota. La Biblia sin embargo nos plantea otra forma de ganar una competencia que resulta bien curiosa, pues la corona no se gana por llegar primero, sino por ayudar a otros a llegar a la meta.

Ya lo había dicho en su canción ranchera el cantautor mexicano José Alfredo Jiménez: “también me dijo un arriero, que no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar”. Y así sucede en la vida cristiana, el corredor inicia la competencia, que es la vida cristiana, teniendo asegurada la salvación de su alma, puesto que ésta no es algo que se deba ganar en la competencia, sino que es un regalo inmerecido que recibe para que pueda estar en la competencia. Dicho de otra manera, la competencia no es para que se salve, sino que se salva para que pueda entrar en competencia. A este extraño fenómeno Dios le llama GRACIA. Y la gracia es un don gratuito e inmerecido que Dios te da para que puedas ser una buena persona, no una recompensa por haber sido una buena persona. Teniendo claro entonces que ahora estás en la pista avanzando hacia la meta tu objetivo no es llegar primero, sino ayudar a otros corredores para que avancen hacia esa meta, sirviéndoles, apoyándoles, animándoles. Dios, el juez de la prueba, está mirando la manera cómo tratas a los demás participantes, está observando si tu ayuda es amorosa o si persigue objetivos egoístas; y está midiendo la grandeza que vas alcanzando por la pequeñez que te vas dando cada que sirves. El día y la hora de llegada a la meta sólo la sabe Dios, pero cada día que te da de vida antes de esa meta es para que te ganes una mejor corona que Él te está preparando como galardón final. Qué bueno que esta forma de ganar la aplicáramos a los negocios, a la vida académica, a la vida laboral, familiar, social y amorosa, donde cuando ganamos hacemos ganadores a todos los demás, no hay lugar para los perdedores. Digamos entonces: “Cuando yo gano, todos ganamos”.

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Jun 18

 

(Salmos 77:11-12)

Cantidades de veces hemos oído y leído que el pasado es pasado, que no lo estemos recordando, que desechemos las cosas viejas y nos concentremos en la nuevas que Dios ha preparado para nosotros. Y eso es verdad, no vayamos ahora a contradecir esas tesis que tanto bien nos han hecho. Es más, debemos reafirmarnos en ellas. Y al corroborar dicho pensamiento precisemos que el contexto de olvidar el pasado es el de desechar las cosas malas que el Señor ya nos ha perdonado, obras muertas de las cuales nos hemos arrepentido y las hemos dejado, como a todo muerto, sepultadas y sin deseos de desenterrarlas. También debemos dejar en el olvido las viejas enemistades, los rencores, los malos momentos y todos los malos recuerdos que nos pueden arruinar el presente y hacernos árido el futuro.

Sin embargo al leer textos como el de Salmos 77:11-12 y otros afines, somos motivados a hacer memoria de las grandes obras de nuestro Dios, de sus notables y asombrosos hechos a lo largo de la historia. Pero no sólo a quedarnos allí, en la evocación de dichas hazañas, sino a hablar de ellas, contárselas a las nuevas generaciones, para lo cual sería aconsejable recrearlas con un lenguaje moderno y ubicarlas en escenarios que podamos identificar fácilmente en los mapas actuales. Recordar las grandes obras de Dios y  hacer el inventario de todas las bendiciones que nuestras familias y nosotros mismos hemos recibido por su amor y misericordia es llenarnos de ánimo, es inyectarnos una buena dosis de fe, de esperanza y amor. Por eso vale la pena visitar el pasado, no quedarnos a vivir allí, ni siquiera en los viejos laureles del triunfo, no, ir sólo de visita, para recargar nuestras baterías. Y luego volver a vivir en el presente, donde construimos las casas que habitaremos en el futuro, donde cocinamos lo que hemos de saborear en el futuro. Sí vale la pena hacer excursiones al buen pasado, al noble, al grato, y es por ello que en nuestros hogares tenemos álbumes de fotos; diplomas, cintas y medallas en las paredes; trofeos y reconocimientos en los anaqueles de la biblioteca; y postales, tarjetas, cartas y hasta los cabellos y ombligos de los hijos. Sí, hay un recordar que es vivir, no morir.

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Jun 17

 

(Salmos 103:1-6)

Don Luciano Rodríguez, el fundador de Luciano´s Books, en la ciudad de Miami en la Florida, dice con su buen sentido del humor que los problemas de la memoria y de la salud que traen aparejados los años de la adultez son problemas del alma, del alma… naque, y luego suelta su generosa carcajada. Y sí, el almanaque, el testigo escrito del paso de los años pasa su factura y le hace ver aún al hombre más vigoroso y activo que la ancianidad se viene encima como las sombras de la noche cuando el sol se oculta por el occidente tras una intensa jornada de brillo, calor y energía.

Pero aparte de los problemas del almanaque, también hay problemas con el alma, el asiento del intelecto, la voluntad y las emociones en el ser humano. El alma humana que se exterioriza en la personalidad de cada individuo es como un niño malcriado que debe ser controlado permanentemente por sus padres para que no haga daños y para que se comporte como es debido. El alma es muy susceptible, pasa rápidamente de la alegría  a la depresión, del ánimo al desánimo, de la obediencia a la desobediencia. Es casi que instintiva y responde no a la fe, sino a la vista, a lo palpable, a lo físico. Es por ello que una persona que desee ser espiritual debe controlar su alma, debe someterla bajo el escrutinio y dominio del espíritu. Ser almático, dejarse controlar por el alma, es como vivir en una montaña rusa, en un momento puede estar en la cima pero unos minutos después puede estar cayendo vertiginosamente al foso. La persona almática no puede vivir una vida cristiana victoriosa, porque el alma es más inestable que una mesa de dos patas. Quien aspire a tener una vida con amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza, como lo dice la Biblia en Gálatas 5:22-23, debe darse cuenta de que ese es el fruto de llevar una vida controlada por el espíritu humano, que a su vez se ha doblegado al Espíritu Santo. El escritor del Salmo 103, David, sabía perfectamente que a su alma debía encuellarla, someterla bajo el espíritu, obligarla a bendecir a Dios, a recordar sus perdones, favores y misericordias, porque el alma es terca, desmemoriada y no le gusta ni orar, ni cantar, ni leer la Biblia, ni congregarse.

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