Jul 30

 

(1 Pedro 3:8-17)

Una de las experiencias que Raúl recuerda con mayor claridad fue la que vivió con su esposa en el instituto de misiones. Él había terminado su especialidad en pediatría y con Clara, que había cursado una maestría en psicopedagogía, se inscribieron para formarse como misioneros. Desde que eran estudiantes habían acordado en la iglesia que sus profesiones las pondrían al servicio de Dios y de la comunidad a dónde Él los guiara.

Un tarde, el profesor de ética les dijo que irían a recibir la clase a un centro comercial, en medio de la gente, pues la ética es para poner en práctica lo que ya sabían en teoría. Al llegar, y cuando los alumnos descendían del automotor en el gran estacionamiento, una dama que salía del vehículo de enfrente les gritó a oídos de todo el mundo que ellos eran unos bendecidos de Dios, que los amaba, que gente así, que se preocupaba por los demás y servían en el nombre del Señor, era la que ese país necesitaba. Y dicho eso les mando varios besos, los bendijo y se fue. Durante tres horas recorrieron los pasillos y observaron las vitrinas sin comprar nada. Luego el maestro le pidió que regresaran al autobús para volver al instituto, mas cuando se disponían a abordarlo, un caballero les gritó desde enfrente a oídos de todo el mundo que ellos eran unos estúpidos vividores, sinvergüenzas, que dejaran de estarle lavando la cabeza a la gente con sus tonterías, que personas como ellas eran las que tenían al país en tan mala situación. Algunos estudiantes quisieron responderle, otros quisieron callarlo, y el mismo Raúl quiso darle un puñetazo por irrespetuoso. Pero la orden fue subirse e irse en silencio. El viaje fue como si vinieran de un funeral, nadie decía nada. Al entrar al aula de clase… ¡sorpresa! Se encontraron a la señora que los había elogiado y al caballero que los había insultado parados frente a la pizarra. Resultaron ser actores de un grupo de teatro de una iglesia local. Cada año hacían la misma rutina para la cátedra de ética. Ese día dieron una exposición maravillosa acerca de cómo un cristiano debe conducirse entre la comunidad a la que sirve. La enseñanza fue muy clara: “un regalo sólo es nuestro hasta cuando lo aceptamos. No tenemos que recibir los insultos, pero sí las voces de ánimo, aunque con cautela, pues el elogio para un servidor de Dios puede ser más peligroso que un insulto”.

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“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
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Jul 29

 

(1 Corintios 14:18-25, 40)

En el mundo empresarial es de trascendental importancia no sólo tener buenas ideas, sino saber presentar dichas ideas, de tal manera que se puede decir que una buena idea, mal presentada, es una mala idea. Sí, aún el más brillante proyecto pudiera ser considerado como el peor de todos si la persona que lo intenta comunicar no lo hace de manera eficiente y más bien deja una mala impresión en inversionistas, funcionarios, ejecutivos, miembros de juntas directivas, representantes de los gremios y la prensa.

Algo parecido sucede con el evangelio de Jesucristo, muchas personas se pierden de tan maravilloso regalo de parte de Dios sencillamente porque el mismo no les ha sido presentado de manera eficiente y se les ha dejado con una impresión distorsionada. Es por ello que a nivel popular, y aún entre algunos cristianos, aún no se tiene claro qué es realmente el evangelio. La palabra evangelio significa buena noticia, es la traducción del vocablo griego “Euangelion”, que a su vez procede de dos raíces: “Eu” que es bueno y “Angelia” que es noticia. Así de sencillo, y así de sencillo era que lo predicaban los apóstoles. Pablo por ejemplo sólo se enfocaba en anunciarle a la gente que Jesús era Dios, que era el único y verdadero Dios que había venido al planeta tierra, había muerto en una cruz en sustitución nuestra para pagar la condena a muerte por ser pecadores, había resucitado, está en cielo y se prepara para regresar en breve. Ese era todo el mensaje que se presentaba. Así de fácil, sin enredos. A tal punto que si alguien creía en su corazón dicha tesis y la confesaba con su boca públicamente, se le bautizaba como discípulo de Jesús y se le daba la bienvenida a la iglesia. El apóstol Pablo demuestra tanto su interés en lo que la gente va a pensar del evangelio de Cristo que inclusive le pide a los cristianos que cuando llegue gente nueva a la congregación no actúen como su fueran unos locos, que no hagan cosas desordenadas o indecentes, que se pongan en los zapatos de los no cristianos y traten de entender qué pensarían y cómo se sentirían en ese ambiente, pues por nuestra imprudencia muchos de ellos saldrían corriendo y Dios los perdería. Él inclusive dice que se hacía judío para ganar al judío y griego para ganar al griego, es decir, se ponía en el lugar de ellos para ser entendible.

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“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
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Jul 28

 

(2 Tesalonicenses 3:6-12; Salmo 37:23)

Iván estaba tirado en el sofá haciendo gestos de dolor mientras su madre le masajeaba el pie que se había torcido cuando accidentalmente pisó uno de los patines que estaban tirados en su habitación provocándole una terrible caída.

-         Ahí tienes las consecuencias de tu desorden, yo te lo había dicho decenas de veces, organiza tu cuarto, porque en habitación desordenada, golpe seguro. Vamos a ver si ahora sí le prestas atención a tu madre y la organizas. 

-         ¿Pero mamá, cuál es tu empeño en que yo organice mi cuarto? ¿Qué tiene de malo? ¿Cuál es el problema con que parezca cueva de loco o que huela a jaula de mono? 

-         Te voy a decir porque desde pequeño uno debe aprender a ser organizado en la vida, aún en los mínimos detalles. Mira, cuando uno se acostumbra a no tener orden en cosas tan ínfimas como una habitación, la mente se ajusta a ese patrón de comportamiento y luego lo va a traducir en un estilo de vida desordenado. Te lo explico. El desorden se forma no en un día, sino en varios en que vas dejando cada cosa fuera de su lugar. No es que uno dice voy a hacer un desorden, sencillamente va dejando una cosa aquí y otra allá con la idea de que después las pondrá en su sitio. Pero mentira, pasan y pasan los días y cuando vas a ver ya está el desorden, lo fuiste construyendo poco a poco. Por eso es que sale más barato y rápido tomarse unos segundos para dejar cada cosa en su respectivo lugar. Ahora, ¿cómo se traduce eso en la vida? Tu mente se acostumbra a que puedes hacer lo que quieras, cuando quieras y donde quieras, porque alguien aparecerá de algún lugar para poner orden en lo que tú no ordenaste, y así, en el amor, en el trabajo, en la familia, en el estudio, en el deporte y en cualquier actividad, vas dejando asuntos pendientes, sin atender. ¿Y qué pasa después? Que ese caos te estresa, te llena de tanta ansiedad que crees que es mejor ni pensar en eso, y dejas las cosas tiradas, sin resolver, porque ya no tienes capacidad para lidiar con ellas. La gente que anda desordenadamente no sólo se afecta ella, sino que afecta a los demás. Por eso es que Dios nos pide que seamos ordenados. Y si no lo somos, Él nos ofrece ordenar nuestros pasos y aprobarnos.

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“Devocionales en Pijama”
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Jul 27

 

(Eclesiastés 4:9-12)

La maestra llevó a sus alumnos a la zona de las canchas. Los hizo sentar a las mesas debajo de los frondosos árboles y les pidió que observaran bien el experimento que iban a tener. Luego requirió de uno de los niños que tomara una de las ramas que ella previamente había puesto sobre la hierba y que intentara partirla. La frágil rama seca crujió tan pronto el estudiante la presionó. Después le señaló a una de las niñas que tomara 10 ramas del montón y las amarrara con el cordón que estaba allí. Le solicitó entonces que intentara partirlas. La alumna presionó varias veces, pero fue inútil, sus pequeñas manos no consiguieron fracturar el atado de ramas. La maestra le invitó a tomar asiento nuevamente y a no sentirse mal por no poder quebrar ni una sola de las ramitas, al fin y al cabo se eso se trataba el experimento. Miro a todos sus alumnos que estaban con cara inquisitiva preguntándose de qué se trataba todo esto y les expresó:

“El objetivo de traerles aquí es enseñarles la importancia de la unidad familiar, ese es nuestro tema. Cuando uno de ustedes quiso partir una ramita seca lo pudo hacer sin ningún problema, fue muy fácil, sencillamente porque la rama estaba solita, no estaba unida a ninguna otra. Pero cuando varias ramas se unieron en un solo grupo ya no fue posible partirlas. Separadas, sí, pero juntas no. Así sucede con nuestras familias, cuando cada uno se separa del vínculo familiar somos presa fácil de quienes quieren dañarnos, del desánimo y hasta de la pobreza. En cambio, cuando estamos juntos, unidos, ligados por el amor, que es el vínculo perfecto, ya no es posible que nos lastimen, ya somos más fuertes, porque cada uno es la suma de la fuerza de todos. Es por eso que van a encontrarse con muchos intentos por destruir a la familia tratando de dividirla, sí, ese es el plan número uno, lograr que los miembros se peleen y se separen, que cada uno decida arreglárselas por su lado; pero no lo permitamos, cuidemos a la familia fortaleciendo la unidad. Ahora que ustedes entren a la adolescencia probablemente experimenten cierto desapego por sus familias y prefieran a sus amigos, tal y como se refleja en las fotos de los jóvenes en internet, donde no se ven familiares, sino sólo amigos. Pero esto no tiene que seguir siendo así, porque nuestros familiares lo serán toda la vida, así que… ¡vivamos unidos!”.

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Jul 26

 

(Colosenses 3:22-23)

El “Retrato de Adele Bloch-Bauer I”, del pintor austriaco Gustav Klimt, fue vendido en el año 2006 en 135 millones de dólares y se constituye en la tercera obra pictórica más costosa del mundo. El primer lugar lo tiene “Number 5, 1948”, de Jackson Pollock, pintor estadounidense, cotizada en 140 millones de dólares. Estas son cifras astronómicas que demuestran lo que puede llegar a costar un trabajo bien hecho y la firma en el mismo de quien lo hizo. Son obras de arte que llevan tres o cuatro años realizarlas y que no se hacen en serie, sino una sola vez, por lo cual el artista renuncia a hacer otras que le sean similares, para que la originalidad les dé mayor valor. Así es como Dios, el gran artista del universo, hace con cada ser humano, lo realiza único e irrepetible, aunque luego haya obras que renieguen de sí y quieran parecerse a otras, perdiendo el inmenso valor de su individualidad, de ser originales, y no simples copias mal hechas de otras.

Un asesor empresarial acostumbraba a decirle a sus oyentes lo siguiente durante sus conferencias: “Así como los grandes artistas tratan a sus obras como si fueran hijos, así ustedes deben hacer sus trabajos, como si fueran sus hijos. Una obra es una extensión de su creador, la obra dice mucho de quien la ha hecho, dice si su artífice era excelente, bueno, mediocre o malo. Es su obra la que da testimonio de él, y lo seguirá dando aún cuando el artista ya se haya muerto. Cuando un gran maestro da por finalizada una obra no sólo sabe que ha dado a luz un hijo, un fruto de sus entrañas, de su ingenio, esfuerzo y dedicación, sino que sabe también que acaba de renunciar a hacer otra exactamente igual, porque si no su trabajo perdería el valor de ser original. El mejor consejo que le puedo dar a un fabricante, a un distribuidor, a un vendedor, a un operario o empleado, es el que hace dos mil años le diera un apóstol a sus discípulos en la Biblia. Él les dijo a los cristianos que vivían como esclavos en su tiempo que no trabajaran sirviendo al ojo, es decir, haciendo las cosas bien sólo cuando el amo los estaba mirando, sino que lo hicieran como si sus trabajos fueran para Dios. Si usted hace cada trabajo como si fuera para Dios, como si fuera su gran obra, única y original, y además con la mejor actitud, calidad, costo y cumplimiento que le sea posible, tenga la seguridad que será el rey en su área laboral”.

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Jul 23

 

(Salmos 32:1-5; Juan 1:29)

En una época en que todo el mundo está interesado en retrasar el envejecimiento, o al menos, en no dejar que se note en la apariencia física, resulta de gran beneficio saber que hay un silencio en las personas que hace que el cuerpo se deteriore y el alma se arrugue hasta quedar como una uva pasa, se trata del silencio por la no confesión de una transgresión. No es un hallazgo de última hora, el descubrimiento fue incluso tema para la composición de una canción hace aproximadamente tres mil años. Se trata del Salmo 32, en el cual el cantautor, el rey David, en lugar de tratar de ocultar su pecado, o disimularlo, como se acostumbra en la realeza, lo declaró públicamente al ritmo de uno de sus éxitos y el cual ha quedado para la posteridad en el cancionero de la Biblia.

“Mientras callé se envejecieron mis huesos porque me la pasaba lamentándome todo el día, día y noche, pero decidí cambiar de actitud, me dije a mí mismo, voy a confesarle a Dios mis faltas, y lo hice, y tú me perdonaste”, eso es lo que dice uno de los apartes del tema musical de David, el cual, en el original hebreo, es todo un poema hecho canción. Pero no sólo al traducirse al castellano la obra pierde su estética literaria y rítmica, sino que además el Salmo 32 se empobrece teológicamente, pues no transmite el gran significado que tiene en su génesis. La verdad sea dicha el verbo hebreo “Nasá” no significa perdonar simplemente, sino que quiere decir: levantar, cargar y alejar. Y esto es importantísimo, porque el salmista dice que cuando confesó su pecado, cuando decidió romper el silencio que lo estaba consumiendo emocional y físicamente, entonces Dios mismo tomó ese pecado, se lo echó encima, se lo cargó, y se lo llevó bien lejos. Y allí ni más ni menos que se está profetizando lo que haría Jesús como “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, pues en su propio cuerpo se cargaría el pecado de toda la humanidad. No fue que lo perdonó, fue que Jesús lo tomó personalmente, lo levantó, lo cargó sobre sí y se lo llevó lejísimos, tanto como está de lejos el oriente del occidente. Pero hay algo más sorprendente todavía, Juan el Bautista, quien fue el que llamó a Jesús el cordero de Dios, usó en griego el equivalente al verbo “Nasá”, usó “Aíro”, para decir no que Jesús quita el pecado, sino que lo levanta, se lo carga Él mismo y se lo lleva lejos.

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Jul 22

  

(Proverbios 18:14)

El título connotativo de la reflexión de hoy hace pensar de primera mano que el tema es el de la halitosis, que es el mal aliento en una persona, pero no, hay un problema con el aliento que es peor que el mal olor que pudiera despedir la boca de alguien. Al fin y al cabo la halitosis se puede remediar de inmediato con un enjuague bucal o con un dulce o un chicle, pero el aliento que es el sinónimo del ánimo, de la motivación, del empuje y de la energía, ese puede ser letal, ese sí que puede tumbar a cualquiera y matarlo.

Si un ser humano no respira, no tiene aliento, es probable entonces que esté muerto clínicamente. Y si ese humano no tiene ánimo, aliento, ganas de hacer algo en la vida, también está muerto, no clínicamente, pero sí mentalmente, y esa muerte le llevará a la tumba sin remedio. Bien se dijo de una persona que murió a los 20 años de edad pero la enterraron a los 80. ¿Qué quiere decir eso? ¿Acaso estuvo insepulta 60 años? No, lo que esto significa es que tal ser humano mentalmente dejó de vivir cuando dejó de tener deseos de vivir, motivos para respirar, ánimo para soñar, aliento para alcanzar nuevas metas. Los siguientes años de su pasar por el mundo hasta los 80 fueron sólo de existencia, no de vivencia. También pudiera decirse que no vivió sino que sobrevivió. Y es una lástima pasar por el planeta acumulando días, meses y años sin cosechar nada porque nada se ha sembrado. Muy diferente es comer el fruto de lo que se sembró y ver a la familia y a otros seguir comiendo de esos frutos por años y años. Y aún saber que después de que partamos de este mundo muchos serán beneficiados por lo que hemos dejado, incluyendo una buena memoria. El libro de proverbios dice en la Biblia que el buen ánimo en alguien es tan importante que hasta lo capacita para poder soportar algo tan malo como una enfermedad, pero cuando dicho ánimo está amargado no hay quien soporte a ese alguien. Ni él mismo se aguanta. Será tan importante recibir aliento de la familia, amigos y allegados para poder vivir que las mismas palabras desánimo o desaliento en sus raíces significan muerte, pues al “des…animado” se le salió el ánima, el alma; y al “des…alentado”, se le salió el aliento, el espíritu. Y en la Biblia Jesús, en cinco ocasiones diferentes, habló diciendo: “Ten ánimo”. ¡Ahora mismo te lo está diciendo a ti!

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Jul 21

 

(Juan 16:5-15)

Una anécdota refiere que cuando se sugirió por primera vez que en Constantinopla se instalara la electricidad, le explicaron al Sultán de Turquía que sería necesario instalar dinamos. El Sultán, que era un hombre de escasa educación formal, pensó con angustia que la palabra dinamo sería algo similar a la dinamita, por lo cual vetó la idea y su país debió esperar por la electricidad varios años más. Cuántas veces perdemos aprovechar bien un recurso por no conocer bien su uso, como el del inocente que nunca estrenó el enjuague capilar, ya que le parecía raro que fuera sólo para cabello seco y no húmedo.

Algo similar ocurre en la vida cristiana con relación a las ideas erradas sobre el Espíritu Santo. Muchos creen que se trata de una paloma entre el Padre y el Hijo, cuando en realidad se trata de un espíritu, no de materia, mas cuando se hizo visible la mejor manera de describirlo en aquellos días era diciendo que descendió sobre Jesús como en forma de paloma, algo que todo el mundo conocía. El Espíritu Santo es en realidad Dios mismo, no una fuerza o energía. En teología se le considera una persona por cuanto es un ente que muestra tres características en la Biblia: intelecto, voluntad y emociones. Es decir: raciocina, decide y siente. El espíritu Santo en el Antiguo Pacto, que es antes de Cristo, venía sobre una persona específica, en un momento específico, por un tiempo específico, en un lugar específico, con unas habilidades específicas y para una misión específica. Después de eso Él se retiraba. En el Nuevo Pacto, que es después de Cristo, el Espíritu Santo viene a partir de la fiesta religiosa judía del pentecostés para quedarse en el planeta tierra. Su misión es clara: viene para ser un ayudador, un consolador, un guía, un soporte individual para cada cristiano. Su trabajo se inicia antes de la conversión de la persona obrando en ella para convencerle de pecado, justicia y juicio. Luego le da el nuevo nacimiento y le equipa con los dones para que pueda servir. Posteriormente, y hasta la muerte, se ocupa de conducirle a la madurez progresiva espiritual, que es un perfeccionamiento diario para que el cristiano cada vez sea más parecido a Cristo. El Espíritu Santo no es un premio, es un ayudador, no se me da por portarme bien, sino para que me porte bien, por ello no intentes elevarte para tenerlo, deja que Él te eleve.

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Jul 20

  

(Santiago 1:5)

“Serendipia”, esta es una palabra muy rara pero a la vez muy interesante. Y sería bueno que la memorizáramos porque nos va a ayudar a ver la vida de manera más creativa y llevadera. La “serendipia es el arte de hacer grandes descubrimientos por accidente o de manera inesperada. El vocablo se deriva del inglés “serendipity”, que a su vez lo toma de un relato persa sobre los tres príncipes de Serendip, hoy Sri Lanka, que viajaban por el mundo haciendo extraordinarios descubrimientos accidentales. En la historia de la ciencia se han dado muchísimas serendipias, el mismo Albert Einstein reconoció esta habilidad en algunos de sus hallazgos, aunque también se ha dado en la literatura y otras artes. En América Latina en lenguaje popular la gente diría que alguien hizo un gran hallazgo “de chiripa”, o “por suerte”, pero decir serendipia es mucho más exacto.

Alexander Fleming, por ejemplo, descubrió la penicilina por serendipia. Él se fue de vacaciones dejando muchas probetas y platos sin lavar. Éstos contenían estafilococos (un tipo de bacterias) que empleaba en otras investigaciones. Al regresar descubrió que el moho que se había formado en los platos inhibía el crecimiento de las colonias de estafilococos. Se puso a cultivar y a purificar dicho moho y… ¡Taran! ¡Descubrió la penicilina! Gran invento médico del siglo XX y del cual vienen los antibióticos. Otro caso es del Charles Goodyear, quién inventó el caucho para los neumáticos. Estaba tan dedicado a sus experimentos que su esposa le prohibió que siguiera con esos estudios. Un día, mientras a escondidas manipulaba caucho y compuestos de azufre, su mujer llegó por sorpresa. Él, del susto, metió en el horno encendido lo que tenía a la mano, cuando pudo sacarlo… ¡Taran! ¡Gran descubrimiento! Los Post-it, los famosos papelitos adhesivos, los descubrió un cristiano en la iglesia. Un operario en la fábrica 3M había olvidado añadir un componente a un pegamento, sin embargo la solución no se tiró por ser muy costosa. Uno de los ingenieros, harto de llevar papelitos para marcar los Salmos y que se le cayeran de la Biblia, tomó un poco de ese leve pegamento y los unió. Y… ¡Taran! ¡Maravilloso descubrimiento! ¡Padre eterno, por favor, enséñanos serendipia, ábrenos los ojos para que podamos ver tantas bendiciones que a diario dejamos pasar!

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Jul 19

 

(Marcos 4:35-41)

Sucedió un buen día que Jesús subió con sus alumnos a una barca para atravesar el lago de Galilea, pero una intensa tormenta se desató a tal punto que fueron a despertarlo a la parte de atrás para que se pusiera las pilas y tomara las precauciones debidas ante el inminente naufragio y peligro de ahogamiento. Pero el Señor se levantó lleno de su paz, ordenó a la tormenta que se calmara, que se silenciara y que no molestara más. Luego miró a su grupo de estudiantes y les dijo: “pasan los días, vivimos todo tipo de peligros, de todos los libro, ven los milagros que hago, y aún así, ustedes aún no confían en mí. Dicen que sí y hasta les enseñan a otros a confiar en mí, pero tan pronto se levanta la tormenta demuestran que no, se angustian, se les aflojan las piernas y tiran la toalla”.

Bueno, exactamente no son esas las palabras textuales que pronunció Jesús, pero sí se permite en teología hacer paráfrasis de textos bíblicos siempre y cuando la enseñanza no contradiga ninguna doctrina bíblica y ésta no descontextualice el texto. Y en virtud de tal libertad creativa que se debe usar siempre con un noble propósito pedagógico, añadamos imaginariamente a la historia que antes de embarcarse aquel día Jesús y sus discípulos se escuchó en los altoparlantes del muelle el siguiente anuncio: “Queridos pasajeros sean ustedes bienvenidos a este viaje en bote por el Mar de Galilea, que es en realidad un inmenso lago en el provincia de Galilea, al cual las autoridades romanas han rebautizado como Lago de Tiberiades, para halagar al emperador Tiberio. Por orden de la capitanía del puerto debemos advertirles que el pasaje es gratis, de manera que no se dejen engañar de unos pillos que revenden los tiquetes a la entrada. Recuerden, siempre y cuando viajen con el capitán Jesús y en su barca, todo está pagado previamente, es por gracia. Asegúrense por favor de llevar sus chalecos salvavidas, pues aunque nadie se va a ahogar entre tanto permanezca en la barca, es bueno aclarar que les dará paz en las tormentas infernales que se presentarán. El lago se ve inofensivo, luce maravilloso y da de comer a muchas familias, pero en cualquier momento y sin previo aviso les rugirá como un león, les echará agua dentro de la embarcación, los mojará, les provocará frío,  terror y les dará un buena zarandeada, pero tranquilos, con Jesús siempre irán seguros. Gracias”.

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