
(Lucas 24: 13-31)
Cuando el expositor terminó la conferencia sobre la importancia de consumir alimentos naturales y la importancia de una buena alimentación en la salud les dijo a todos los asistentes: “Damas y caballeros, vamos ahora a tomar el almuerzo y volveremos en 60 minutos para hablarles sobre la prueba final en la escogencia de los nuevos empleados de nuestra empresa de comida saludable. Pasemos entonces al buffet y sírvanse libremente”.
Cuando el inmenso grupo volvió al salón de conferencias el anfitrión les anunció: “Queremos agradecerles a todos por haber participado de este entrenamiento y por solicitar trabajar para nuestra compañía. Ahora, sobre la prueba final, les diré que ya la presentaron, sólo que ustedes no se dieron cuenta. Cuando fueron al comedor y se sirvieron, observamos bien quiénes optaron por la comida saludable con nuestra marca y quienes escogieron lo que hemos denominado comida chatarra. Para nosotros es muy importante que nuestros representantes no sólo tengan la información correcta y se la puedan transmitir a nuestros clientes, sino que ellos mismos consuman estos alimentos porque están convencidos de que son la mejor opción en nutrición. Por favor quienes tomaron la comida saludable acompañen a nuestro gerente de recursos humanos al salón contiguo”. Una situación similar le aconteció a dos seguidores de Jesús, habían estado con Él, habían aprendido muy bien sus doctrinas, eran capaces de exponerlas con pasión, pero no conocieron a Jesús cuando resucitado iba caminando con ellos y conversando con ellos durante los 11 kilómetros de distancia entre Jerusalén y Emaús. ¿Y por qué les sucedió eso? Porque tenían una enfermedad que la Biblia llama “ceguera espiritual”, una patología espiritual que les impedía ver lo que tenían enfrente de sus ojos. Pero la historia termina bien bonita, porque Jesús les abre los ojos para que lo reconozcan y supieran quién era realmente Él. La sanidad vino en el momento en que Jesús tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se los dio a comer. Justo en ese instante vieron a su Señor y Salvador. No basta con haber estado con el grupo de Jesús, conocer de Jesús y hablar de Jesús. Hay que conocer a Jesús comiendo de Él y a Él, porque es pan de vida. Dios quiere discípulos que anuncien el “Pan”, a Jesús, porque ellos lo consumen.
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Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
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