(Mateo 5:13; Romanos 13:1-6)
“Después de que Dios habló a mi corazón de manera tan contundente, inmediatamente tomé la Biblia y comencé a verificar cada cosa, porque no quería pecar ni de místico ni de emocionalista. Quería estar convencido de que Dios me guiaba y no de que tenía alucinaciones. Encontré con respecto a la sal que ella tenía en los tiempos bíblicos dos características, una es que preservaba de la putrefacción en un lugar donde no había congeladores. Y la segunda es que sazonaba, daba buen sabor. Pero lo curioso es que la sal se disuelve, no se ve, sólo se siente, y eso es un duro golpe al ego cuando quieres un ministerio que se vea y oiga. Y con relación a Romanos 13 es increíble que Pablo escriba esta carta a los cristianos de Roma en el 58, cuando vivían bajo el régimen de Nerón, el perseguidor de la iglesia. Pero el apóstol dice que los gobernantes son ministros de Dios, la palabra griega es “diakonos”, y que Dios los permite y los juzgará. Por ello es que Él quiere que sus hijos hagan su parte cumpliendo la ley para que Dios haga la suya.
Tuve muy claro entonces que en lugar de criticar al gobierno desde la iglesia debía ir como iglesia y servir desde el gobierno a mi prójimo usando los dones y talentos que Dios me había dado y en la posición que me había dado. Y así como el profeta Ezequiel no criticó a Daniel porque trabajaba en el palacio del rey de Babilonia, tampoco Daniel criticó a Ezequiel por ministrar a los judíos cautivos en ese país. Cada quien fue llamado a un ministerio específico con dones y talentos específicos. Algunos tienen un ministerio intra eclesiástico, de puertas para adentro, y otros uno extra eclesiástico, de puertas para afuera. El mío era de los segundos, así que nunca asumí un empleo secular, sino un ministerio. Y como fruto de esa mentalidad comencé a introducir cambios. Hablé con los jefes políticos y les dije que yo no podía frenar que apadrinaran gente, pero que sí les pedía que la ubicaran con inteligencia, donde fueran eficientes. Las oficinas a mi cargo dieron un cambio de la noche a la mañana. Comenzamos a dar citas a los usuarios y a evitar aglomeraciones. Ya no necesitábamos policías. Con lo ahorrado renovamos y sistematizamos todas las dependencias. Hasta dispensadores de agua y café pusimos al público. Cuando mis superiores vieron eso, me pidieron hacer lo mismo en todo el país”.
Y ahora disfruta de buena música con sonido estéreo digital de alta resolución dando clic AQUÍ.
Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.