Aug 20

 

(Filipenses 4:5)

La cortesía es el arte de saberse comportar usando buenos modales para no incomodar a nadie, para no pasar malos momentos y para quedar como un príncipe o una princesa ante los ojos de los demás. Son las normas de etiqueta o protocolos establecidos en las cortes reales y que varían según la cultura, la época, el lugar y la ocasión. No se trata de automatizar a la gente y volverla rígida, por el contrario, se trata de relajarla y disponerla de la mejor manera para hacer de cada instante vivido un tiempo placentero para todos.

Lo opuesto, la descortesía, la grosería, la patanería o imprudencia, no sólo arruinan un momento que pudiera ser grato, sino que deja molestias, huellas de bárbaro en las mentes de los demás y una mala fama que acompañará a todas partes al infractor. En las relaciones humanas se enseña que el trato con las personas tiene el efecto bumerán, lo cual significa que lo que se lanza es lo que vuelve a uno. Esto es sencillo de verificar en la vida diaria y se puede comprobar hasta con un animal conocido. Acérquese a su perro y grítele de manera amenazante. ¿Qué cree que pasará? O se acurrucará, si es manso, o le gruñirá, si es de mal genio. Y ahora con un ser humano, como por ejemplo el caballero que atiende por una ventanilla en una oficina pública. Posiblemente él ni le mire a la cara cuando le habla, tal vez masculla algún “dígame señor”, mientras mira la pantalla de su computadora. Entonces, allí, es el momento justo para que usted rompa la rutina de ese empleado diciéndole con una amplia sonrisa: “hola señor, buenos días, cómo está usted hoy”. Supóngase que el hombre es un amargado de siete suelas y sólo le dice: “bien gracias. ¿Qué se le ofrece?”.  No se afane. Mándele su segundo disparo de cortesía: “Es usted muy amable señor. Quisiera por favor…” Y tenga la seguridad que aunque el hombre sea más duro que un pan viejo, usted logró perforarle la armadura y ese caballero recordará que por fin un ser humano lo saludó y no simplemente le puso unos papeles encima para que él procediera maquinalmente. Los cristianos, al ser hijos de Dios, al pertenecer a su majestuosa corte, como príncipes y princesas que somos, estamos llamados a usar buenos modales. Es por ello que el apóstol Pablo nos instruye para que nuestra gentileza, nuestra amabilidad, sea conocida por todos los hombres.

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“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
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Aug 19

 

(2 Samuel 13:1-15)

Cuán fácilmente un chico joven y soltero puede confundir pasión con amor, deseo con dulzura, aventura con ternura y ebullición hormonal con anhelos de hogar. Eso le pasó a un muchacho de una familia muy acaudalada, famosa y poderosa. Él se llamaba Amnón, era hijo del rey David, y según el relato bíblico un día le confesó a su amigo Jonadab que la causa de que se viera enfermizo era porque estaba profundamente enamorado de su bellísima media hermana Tamar, una jovencita tan linda que parecía sacada de la portada de una revista. Y él sufría el tormento, la angustia, el dolor de estar muy enamorado de ella y tener que llevar ese sentimiento en secreto, pues no le podía hacer nada a una chica que era virgen y que estaba muy bien cuidada por su familia.

Lamentablemente Jonadab, el amigo de Amnón, era muy astuto, no sabio, sino astuto, y le aconsejó que se fingiera enfermo e hiciera venir a Tamar con la excusa de atenderlo. Y así fue. Cuando la joven llegó, Amnón mandó a salir de la casa a toda la servidumbre y quedándose solo con ella la violó, a pesar de todas las suplicas que ella le hiciera, e incluso, de proponerle que la pidiera en matrimonio. Pero Amnón no pensaba en ella, sólo en él, en satisfacer su instinto animal, en calmar unas hormonas recalentadas. Y eso que él llamaba amor después se le convirtió en un terrible odio hacia ella, más fuerte que el amor que decía tenerle.  Si su amigo Jonadab, en lugar de ser astuto hubiese sido sabio y una buena influencia para Amnón, más bien le hubiera puesto los puntos sobre las íes y le hubiera dicho algo así como: “¡Ah no! Así no, Amnón, así no. No me vas a echar el cuentico de que eso que tú sientes por Tamar es amor, olvídate de eso. Lo que tienes es una obsesión por la belleza de esa jovencita. Tú no la amas, tú la deseas. Tú no piensas en lo mejor para ella, tú piensas en saciarte con ella. Y ese sentimiento se te ha vuelto incontrolable por el hecho de ser algo secreto, prohibido, lo cual te lo presenta como una fantástica aventura. Y como has estado encerrado, con la mente desocupada, pues no haces sino pensar en ella, soñar con ella y tener fantasías nada santas con ella. Si tú realmente  amaras a esa joven, pensarías en cómo bendecirla, cuidarla, respetarla, ayudarla y  orarías por ella. Vamos, vístete y sal de este encierro. Vamos a jugar fútbol.”

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“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
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Aug 18

 

(Lucas 8:40-48; Malaquías 4:2)

En los tumultos no falta el que quiere llegar primero, el que quiere robar una billetera, el que quiere manosear a una dama, el que quiere devolverse y el que necesita respirar. Un tumulto es una cosa de locos. A Jesucristo no le fueron extraños los tumultos, inclusive en una ocasión, en uno de esos apretujones, pisotones y empujones de la gente notó algo extraño, algo diferente a los acostumbrados nudos humanos, y es que en esta ocasión había salido poder de él. Sí, alguien del gentío se había servido un milagro al estilo autoservicio, sin pedir permiso y sin esperar su turno. La pregunta que entonces hace el Señor en voz alta es: ¿quién me ha tocado? Interrogante que deja perplejos a los apóstoles, pues están a punto de convertirse en puré humano. ¿Qué quiso decir Jesús?

Lo que realmente quiso decir Jesús fue lo siguiente: ¿dónde está ese alguien de entre el tumulto que se ha acercado a mí en secreto, pero con plena convicción de que si tocaba el borde de mi manto de oración, que es algo muy sagrado de mi vestimenta, entonces, de inmediato, recibiría el milagro que ha estado esperando durante 12 años y que le ha costado todo su patrimonio? Pero esa persona no es cualquiera, es una que ha sufrido el desprecio familiar, social y religioso por ser inmunda, ya que el flujo de sangre que padece la hace inmunda y la obliga a gritar por la calle que es inmunda para que nadie se le acerque. Y todo lo que toca queda inmundo, hasta donde come. Y también conoce la enseñanza rabínica de que el Mesías cumpliría la profecía de Malaquías 4:2 que dice que en sus alas traerá salvación, que es una referencia al manto de oración que el viento hace que se mueva como alas. Es por eso que quien se hizo el autoservicio milagroso no venía a tocarme las sandalias, ni el cabello, ni el brazo, sino el manto de oración y en la parte más especial, el borde, en los tzitziyot, que son las borlas, cada una con ocho hilos y uno de ellos púrpura, puesto que simbolizan que somos una nación de sacerdotes y realeza, o real sacerdocio. La persona que ha hecho que de mí salga un milagro podrá ser inmunda y estar arruinada, pero de tonta no tiene ni un pelo, pues usó su fe ante quien debía usarla y de manera bíblica. Y no la llamo para regañarla, sino para felicitarla.

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“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
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Aug 17

 

(Lucas 11:52; 1 Timoteo 6:20-21)

Al astrónomo, filósofo, matemático y físico italiano Galileo Galilei la santa inquisición de la iglesia católica apostólica romana lo condenó en el año 1633 a prisión perpetua y a abjurar de su tesis de que la tierra se movía alrededor del sol, razón por la cual el padre de la ciencia tuvo que firmar un documento retractándose de su teoría heliocéntrica y reconociendo que la geocéntrica era la verdadera y que él había incurrido en una herejía al enseñar en la universidad lo contrario. Aunque lo hizo a regañadientes, pues agregó que aunque firmaba un papel que decía que la tierra no se mueve, de todas formas que se mueve, se mueve. Suscribir ese arrepentimiento público al menos le significó que el papa Urbano VIII le conmutara la sentencia a prisión domiciliaria por el resto de su vida.

¿Y cuál fue el delito de Galileo? Ni más ni menos que decir una verdad que hoy en día la ciencia ha corroborado. Cualquier niño de 10 años ya ha aprendido en la escuela que la tierra gira alrededor del sol, lo cual se llama teoría heliocéntrica. Pero hasta el siglo XIX la mentalidad religiosa había forzado a la gente a creer en la teoría geocéntrica, la cual dice que la tierra es el centro del universo y que el sol gira alrededor de ella. ¡Pero qué locura! Dirá alguien. Pero esa es la historia. ¿Y de dónde salió ese concepto? De erradas suposiciones, como el creer que el Salmo 93:1 dice que la tierra no se mueve, cuando en realidad lo que dice es que el mismo Dios sostiene el universo en funcionamiento, tal y como lo declara también Hebreos 1:3 al citar que Jesucristo, el creador de todo lo que existe, sustenta todas las cosas con la palabra de su poder. Dicho de otra manera, Dios controla desde las grandes galaxias hasta los movimientos de un electrón en el átomo. Pero así como ese falso argumento religioso frenó el progreso de la ciencia varios siglos otros han querido hacer lo mismo, como el que le decían a los hermanos Wright, padres de la aviación, a quienes trataban de disuadirlos de inventar el avión con la idea de que si Dios hubiera querido que el hombre volara le hubiese dado alas. Y hasta hace poco algunos predicadores hacían tirar los televisores al río dizque porque eran los cajones del diablo, aunque hoy en día piden que los compren porque ellos aparecen allí. ¡Qué espectacular que Jesucristo liberta de la religiosidad y hace vidas nuevas y espirituales!

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“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
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Aug 16

 

(Eclesiastés 7:2)

Juan había llevado el sábado anterior a todos los adolescentes de su grupo a un paseo un poco extraño, pero el cual siempre resultaba muy enriquecedor, motivo por el que los padres de los jóvenes autorizaban dicha excursión sin que sus hijos sospecharan a dónde iban y de qué se trataba la salida, simplemente abordaban los autobuses muy de mañana con todo su equipo para un supuesto día de campo en las afueras de la ciudad.

Reunidos en el gran salón, como acostumbraban cada sábado en la tarde, Juan les hablaba a sus discípulos “Bueno chicos, yo sé que nuestra salida a un cementerio del sábado anterior primeramente fue de sorpresa, después de rechazo, luego de enojo, posteriormente de reflexión y ahora, una semana después, todavía sigue siendo de rico aprendizaje. Y me alegra mucho. Creo que ahora cada uno de nosotros puede entender qué fue lo que quiso expresar el sabio Salomón cuando escribió en Eclesiastés 7:2 que es de mayor aprendizaje ir a la casa del luto que a la casa del banquete, pues la muerte es el fin de todos los humanos y por ello es conveniente que lo recordemos mientras vivimos. La muerte tiene para cada persona un significado diferente. Para los dueños de funerarias es un negocio. Para los cineastas un tema de terror. Para los reporteros una información y para los poetas un motivo de inspiración. Pero para los cristianos la muerte no es final, es comienzo. No es llegada, es partida. No es abandono, sino graduación. No es fracaso, sino promoción. Pero no por ello debemos procurarla antes de tiempo, ni atraerla por descuido, imprudencia o irresponsabilidad, sino tomarla como una transición de una vida temporal en la tierra a una vida eterna en el cielo. Eso es lo que creemos los cristianos, no es ficción. Y quiero felicitarlos jóvenes por las excelentes reflexiones que me entregaron, de veras que hay comentarios notables sobre cómo vivieron esa experiencia. Por ejemplo, alguien de ustedes escribió que para estar muerto no hay que llegar a la tumba, sino dejar de tener un motivo para vivir. Otro dijo que morir es cambiarse de ropa, dejar un vestido de carne y hueso mortal para ponerse un traje inmortal, lo cual es una verdad muy teológica. Otro dijo que se aprende a vivir cuando aprendemos bíblicamente lo que es el morir. Y alguien más dijo que morir con Cristo es vivir, pero vivir sin Cristo es morir. Muy buenos aportes”.

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Aug 13

 

(Salmos 4:8)

La expresión popular “dormí como un lirón” es frecuentemente usada por aquellos que pudieron conciliar un sueño profundo y largo y luego se levantaron bien descansados. Aunque para ser más exactos el lirón no es el animal que más duerme, sino el koala australiano, que de las 24 horas del día dormita 22. ¡Fenomenal perezoso! Y si el dormir mucho es un grave problema que atrae a la pobreza como hombre armado, según dijera Salomón en el libro de Proverbios en la Biblia, no dormir, o no hacerlo en la forma correcta y en la medida justa, es también un serio problema que termina por alterarle los nervios al que la padece y enfermarle por agotamiento físico, pues no descansa.

Fue la escritora y directora de cine francesa Françoise Sagan quien dijo:”Para mí la felicidad consiste en gozar de buena salud, dormir sin miedo y despertarme sin angustia”. Aunque tristemente murió de una embolia pulmonar en el 2004 después de una agitada vida en la que consumió sin ninguna moderación drogas y alcohol, llegando inclusive a estar en prisión por consumo de cocaína. Y así como esta famosa mujer muchos seres humanos le dan un alto valor a tener buena salud, dormir en paz y levantarse sin afanes de su lecho; pero la dura realidad de la vida lo que les ofrece es mala salud, sueño leve y convulso, y más angustias cada que se despiertan, al punto de no querer despertarse nunca y tener que vivir sedados y con los nervios de punta. Es una triste condición que contrasta con la gran dicha de la cual nos habla el rey David en una oración que él hace antes de irse a la camita y que quedó consignada como el Salmo 4. Finalizando su texto él dice completamente relajado que en paz se va a acostar, y que con esa misma paz va a dormir toda la noche, y luego, con esa misma paz, se va a levantar descansado y lleno de vigor para iniciar un nuevo día. ¿Cuál era su secreto para tener una noche tan plena? ¿Sería acaso uno de los nuevos colchones que anuncian en la televisión? ¿O unas infusiones de yerbas medicinales? ¿O drogarse o tomar unos sedantes? No, su gran secreto, que ya no lo es, era el hecho de ir al lecho con nada malo en el pecho. Sí, ir a dormir después de pedir perdón por sus pecados, perdonar a sus enemigos, confiar sus asuntos a Dios, llenarse de su presencia y dormir sabiendo que Él guardaba su sueño.

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Aug 12

 

(1 Samuel 24:1-12)

Por muy rica que sea una persona, por muy poderosa y famosa, en cualquier momento de su vida, como cualquier ser humano, tendrá que ir y sentarse en el sanitario, el lugar a donde todos llegamos para cumplir con la necesidad fisiológica de evacuar el vientre. No importa si el baño es de oro o si la persona que lo usa es una celebridad, la tarea es igual en todos y está desprovista de todo glamour. Aunque el momento puede ser menos desagradable si el baño está bien decorado, iluminado, aseado y perfumado.

Aunque el tema de hoy parezca carente del candor que debe tener un devocional, no obstante subyace en él una interesante reflexión. En cierta ocasión el rey Saúl, según el relato bíblico, salió a perseguir a David y a sus hombres al desierto llevando consigo a tres mil soldados cuidadosamente seleccionados. Estando en la cumbre de los peñascos, por donde andan las cabras monteses, su majestad entró solito a una cueva por cuanto precisaba eliminar el desecho de la exquisita comida real. El eufemismo bíblico dice que ingresó a cubrirse los pies, lo que en lenguaje coloquial quiere decir hacer caca, ya que al agacharse para evacuar en el suelo el borde de su vestido baja y le cubre los pies. Y justamente cuando Saúl está sin ningún edecán o escudero, sin corona, sin arma en la mano, agachado, pujando, con el rostro colorado y totalmente indefenso, los guerreros de David que estaban con él escondidos en esa cueva le aconsejan que aproveche y lo mate, que ese es un regalito que Dios le ha puesto en bandeja de plata. Pero David sabe que si él cobra venganza por su mano, Dios ya no obrará su propia justicia y él de ahí en adelante deberá arreglárselas a su manera y no con la bendición de Dios. Además dice que es incapaz de levantarse contra el escogido de Dios, lo cual no quiere decir que se haga ciego y tolerante ante las injusticias de un ministro de Dios, sino que su causa ya está siendo juzgada bajo principios divinos y no bajo la ira animal que clama sangre de venganza. Qué bueno que podemos aprovechar la ocasión en que una personalidad cae en nuestras manos en un momento crítico de su vida para darle una lección de justicia y respeto, así como la recibió de David el apuesto, alto, corpulento e imponente rey Saúl.

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Aug 11

 

(2 Corintios 2:14-16)

Uno de los detalles que las damas y caballeros cuidan cuando se van a encontrar con alguien importante y quieren causar una buena impresión es: ¿qué perfume o loción voy a usar? El oler agradable es un complemento ideal para una buena presentación en el vestuario y en el aspecto físico. Es por ello que la industria de la perfumería ha crecido tanto y ha llegado a ocupar no sólo las vitrinas de los supermercados y las boutiques, sino la mayor parte de las estanterías de los almacenes libres de impuestos de los muelles de los aeropuertos y el 90% de las páginas de los catálogos en los aviones.

Las feromonas son sustancias químicas que un organismo secreta para que puedan ser olfateadas por otro de su especie y provocar así una reacción determinada. Se les llama también las hormonas del olor. Las hormigas por ejemplo las usan para enviar diversas señales, un olor específico pudiera significar en qué lugar se ha encontrado alimento, o a qué colonia pertenece esa hormiga, o ser un aviso de alarma, o una señal durante el vuelo nupcial para atraer al macho y que se acerque a la hembra. Las abejas usan las feromonas de forma parecida a las hormigas, e incluso la reina anuncia de esa manera su presencia para tranquilizar a las obreras y también para controlarlas. En el caso de las mariposas saturnia pyri, las más grandes de Europa, los machos son capaces de detectar el olor de la hembra a 20 kilómetros de distancia. Estudios en diversas universidades parecen corroborar la tesis de que los seres humanos también producimos feromonas, aunque de manera inconsciente, y es por ello que hoy se venden perfumes especiales para conquistar al sexo opuesto; y a nivel popular se habla de la química que hubo entre un chico y una chica que congeniaron de inmediato. El apóstol Pablo escribiéndole a la iglesia de Corinto dice que como cristianos somos siempre triunfadores; y que para Dios Padre nosotros somos el mismo grato olor de su hijo Jesucristo. Olemos a Él, estamos impregnados de Él, por cuanto nos ha lavado con su sangre de todos nuestros pecados. Y su fragancia es tan espectacular que inclusive la llevamos a todas partes, y cuando la gente cree en Cristo y se salva, lo que huele es vida eterna. Aunque no faltan quienes se niegan a creer y lo que huelen es muerte. ¿Cómo hueles tú para Dios? ¿Hueles a Cristo?

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Aug 04

 

(1 Corintios 3:9-15)

Cuando se hace un contrato de compra de vivienda dentro de un condominio una de las clausulas que va dentro del documento es que el propietario no puede hacerle cambios estructurales al inmueble, puesto que dicha propiedad está bajo un reglamento general para todas las viviendas dentro de esa unidad habitacional. El dueño recibe su casa con una estructura básica que es inmodificable, aunque de ahí en adelante se le ofrecen diversas opciones para que pueda sobre edificar de acuerdo a sus necesidades, gustos y capacidad económica. Algunos entonces pueden escoger entre baños de lujo o sencillos, cocinas amplias o pequeñas, pisos de madera o baldosas, patios o jardín, etc.

Existe también en la actualidad un edificio en el cual el dueño ha dado plena libertad para que la gente pueda sobre edificar en él siempre y cuando no le haga ningún cambio estructural. El propietario ha dicho enfáticamente que los fundamentos ya han sido establecidos y que nadie puede alterarlos, de ninguna manera. Ahora, si alguien ha recibido una autorización específica de él para sobre edificar con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno u hojarasca, eso ya es un asunto personal que a su debido tiempo será evaluado y por el cual se le dará o no recompensa a dicho sobre edificador. Ese edificio se llama “Iglesia cristiana” y su dueño es Jesucristo. Él mismo, siendo su propietario, es el fundamento, y sobre dicho fundamento ha colocado una estructura básica e inalterable que se llama “su Palabra”, la Biblia. No importa que pasen los siglos, que cambien las modas y que se viva en diferentes países y culturas, el fundamento, Jesucristo, no cambia, es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Y la estructura básica del edifico, sus columnas, “su Palabra”, también permanece inalterable, y el cielo y la tierra pasarán, pero esa estructura jamás, por eso no se le puede cambiar ni una tilde ni una jota. A partir de tener estos conceptos bien claros, cualquier colaborador de Jesucristo, llamado también obrero cristiano o ministro de Dios, puede sobre edificar con los materiales que quiera, donde quiera, como quiera, al costo que quiera y con quien quiera, siempre y cuando lo haga  autorizado específicamente por Jesucristo, quien al fin y al cabo será quien juzgue su obra, sin importar lo que piensen o digan los demás.

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Aug 03

 

(2 Corintios 11: 14-15; Santiago 2:19)

Hay un juego muy entretenido que ofrecen muchas revistas en sus páginas finales, se trata de poder apreciar un determinado número de diferencias entre dos dibujos que a primera vista se ven exactamente iguales, pero que al observarlos detenidamente tienen algunas mínimas diferencias. La misma agudeza de observación se requiere para poder diferenciar tantísimas imitaciones de marcas muy cotizadas en el mercado y a algunos supuestos cristianos fraudulentos que son capaces de engañar aún a los hijos de Dios.

Un conferencista que explicaba la enseñanza bíblica de que el diablo es todo un artista para falsificar y engañar con mentiras muy bien elaboradas y muy parecidas a la verdad, contaba que una vez había rechazado la oportunidad de tener como invitado especial a una reunión masiva a un excelente orador con una hoja de vida envidiable. Dicho sujeto de apellido Bel, tenía un doctorado en teología y varias especializaciones en los idiomas bíblicos hebreo, arameo y griego. También era experto en homilética y hermenéutica. Tocaba y cantaba como las grandes artistas. Tenía una bella apariencia física y con su palabra embelesaba a los más refinados auditorios. Y como si fuera poco tenía una rica organización financiera y una fe en Dios inquebrantable, por lo cual era capaz de realizar todo tipo de milagros asombrosos. En pocas palabras, este paladín de la espiritualidad moderna era el que cualquier iglesia cristiana quisiera tener como invitado no sólo para atiborrar su auditorio, sino para llenar hoteles, coliseos y estadios. Afortunadamente no se concretó nunca una invitación a esta personalidad por un simple detalle, el detalle de su nombre. Aunque su apellido era Bel, su nombre era Luz, es decir, se trataba de Luzbel, el príncipe de los demonios, el que engaña a las naciones, el que se disfraza como ángel de luz y es homicida y padre de mentira. Por supuesto que el relato es sólo una parábola que el conferencista usó para ilustrar cómo es que el perverso de Satanás opera y engaña al mundo entero, aún a los cristianos, por lo cual es necesario prestarle atención a los detalles para poder desenmascararlo. Por ejemplo, el diablo se sabe toda la Biblia y es capaz de enseñarla, sólo que no la vive. Cree que Dios es uno y tiembla ante Él, pero no lo obedece por amor. Y se disfraza como ángel de Luz, porque no lo es. 

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de Donizetti Barrios
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